El poncho, una raíz visible que nos conecta con el suelo
Hay prendas que simplemente cubren la piel para protegerla de los rigores del clima.
Son objetos funcionales, descartables, sujetos a los vaivenes caprichosos de la moda.
Y hay otras que resguardan la memoria colectiva de un pueblo .
El poncho pertenece, con una dignidad indiscutible, a estas últimas.
No es una prenda de vestir; es un territorio que se lleva sobre los hombros .
“Los campos se vacían”: estalló un fuerte cruce entre el campo y el gobierno de Chubut, que prepara un censo de guanacos El poncho no nació en las vitrinas iluminadas de las metrópolis ni en las pasarelas efímeras de la alta costura.
Su origen se rastrea en el telar paciente de manos anónimas , en el rumor del viento seco de las montañas y en la necesidad concreta de quien vive a la intemperie.
Es hijo legítimo del frío de la madrugada andina y del sol que castiga sin piedad al mediodía; es fruto de la distancia, del camino largo y del silencio del hombre de la pampa .
Desde las culturas precolombinas , el tejido fue una forma de escritura .
En los Andes, el poncho ya era una pieza central antes de que los mapas revelaran las fronteras actuales.
Los pueblos originarios entendieron que el cruce de la urdimbre y la trama no solo creaba una tela, sino un relato.
El poncho nace de la tierra: de la lana de la alpaca , la vicuña , la llama o la oveja , teñida con raíces, frutos y barros que le dan los colores de su geografía.
Es como un pedazo de paisaje convertido en abrigo .
El gaucho , más que vestir el poncho, lo habita .
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