Bajar impuestos a los ricos: el fraude que paga la clase trabajadora
José González Arenas 12/09/2026 - 07:00 El secretario general del PP, Miguel Tellado, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno / EP
Cada vez que la derecha anuncia otra rebaja fiscal para las rentas altas, repite el mismo catecismo: si los de arriba conservan más dinero, invertirán; si invierten, crecerá la economía; si crece la economía, el bienestar acabará derramándose sobre todos. Es la teoría del goteo. Una promesa con apariencia de ley económica. Y una estafa política.
No es una opinión extravagante. El análisis de David Hope y Julian Limberg, publicado tras estudiar 18 países de la OCDE durante medio siglo, concluyó que las grandes rebajas de impuestos a los ricos aumentan de forma sostenida la porción de renta que se queda el 1% superior. En cambio, no detectó efectos significativos ni sobre el crecimiento del PIB por habitante ni sobre el desempleo. Cada gran rebaja elevó, de media, 0,8 puntos la participación del 1% más rico en la renta nacional antes de impuestos. No hubo milagro económico. Hubo más desigualdad.
La investigación, inicialmente difundida en 2020 y publicada después en Socio-Economic Review , desmontó con datos una idea que llevaba décadas funcionando como propaganda de clase. El problema es que la propaganda sigue siendo útil para quien la emite. Permite presentar un privilegio como una política para la mayoría. Permite llamar “alivio” a lo que, en realidad, es una transferencia de poder y recursos hacia quienes ya tienen más.
La falacia se sostiene sobre una trampa muy sencilla: se confunde la riqueza privada con la prosperidad colectiva. Que una gran fortuna pague menos impuestos no obliga a su dueño a contratar, a subir salarios, a abrir una fábrica o a innovar . Puede comprar activos financieros, repartir dividendos, especular con vivienda o acumular patrimonio. Puede, sencillamente, guardar el beneficio. Y eso es lo que una democracia no debe olvidar: el dinero no tiene moral social. Los impuestos, bien diseñados, sí pueden tenerla.
No es una discusión entre quienes aman el crecimiento y quienes lo detestan. El propio Fondo Monetario Internacional ha advertido de que cuando aumenta un punto la cuota de renta del 20% más rico, el crecimiento de los cinco años siguientes cae 0,08 puntos. Cuando ese punto va al 20% con menos renta, el crecimiento aumenta 0,38 puntos. La razón es elemental: una economía donde la mayoría puede consumir, estudiar, cuidarse y sostener una vida digna tiene más demanda, más estabilidad y más futuro que una donde la riqueza se apila en la cúspide .
La evidencia también niega el chantaje habitual: sin impuestos bajos para los de arriba, dicen, se marcharán los inversores, se hundirá la actividad y no habrá dinero para nada. Pero la OCDE ha concluido que un impuesto mínimo global sobre beneficios empresariales reduce los incentivos para trasladar ganancias a jurisdicciones de baja tributación, eleva la recaudación y reduce las diferencias fiscales entre países.
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