Ceuta: militares a las puertas del súper
Hubo un tiempo en que las Fuerzas Armadas salieron de la penumbra de los muros de los cuarteles para ganarse el respeto y el cariño de la sociedad española en escenarios lejanos y hostiles.
Fue a partir de los años noventa, tras las guerras de los Balcanes (1992), cuando la ciudadanía descubrió de qué madera estaba hecho su Ejército.
De la mejor.Luego vinieron Afganistán (2002), Irak, el Líbano, la lucha contra la piratería en el océano Índico y tantos otros rincones donde los uniformados españoles demostraron su altísimo valor operacional.
El paso siguiente en este idilio entre el uniforme y la sociedad española llegó con la creación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) -gran acierto del Gobierno Zapatero- y el empleo recurrente de las unidades de los ejércitos en el ámbito civil.
Los militares pasaron a ser los primeros en llegar cuando el país se quemaba en verano, se helaba en invierno o temblaba por dentro, como ocurrió en el trágico terremoto de Lorca (2011) o en las recurrentes inundaciones que asolan nuestra geografía.
El empleo de las Fuerzas Armadas en estos menesteres no estuvo exento de debate, sobre todo por un sector de la sociedad y de la milicia que consideraba que las Fuerzas Armadas no fueron creadas para ese tipo de misiones.Millitares junto a una pareja de ceutíes, en el Lidl.
El 'holster', sin el arma corta reglamentaria EMADLa pandemia del COVID-19 (2020) supuso el clímax de esta cercanía de dimensión sobrehumana.
En los momentos más oscuros, vimos a nuestros soldados desinfectando residencias e instalaciones críticas, repartiendo comida, velando y custodiando cadáveres en morgues improvisadas, transportando ataúdes con la máxima solemnidad, fletando vuelos a la desesperada a por mascarillas, repartiendo EPIs y asumiendo el mando único del operativo.
La sociedad los sintió suyos, cercanos y protectores.
Hasta un avión A400M fue de los primeros en traer un cargamento de mascarillas desde China.La inercia continuó tras la crisis sanitaria: los vimos en el colapso de la borrasca Filomena (2021), en las erupciones volcánicas de La Palma e incluso en las secuelas de la DANA (2024), aunque en este último caso la respuesta política tardara más de lo deseable en activar todo el músculo disponible.Sin embargo, la inercia de convertir a las Fuerzas Armadas en un recurso polivalente para todo mal ha terminado por desbordar la lógica.
La evolución, llevada al paroxismo, desemboca a veces en lo rocambolesco.
El detonante de estas líneas son las fotografías difundidas recientemente por el propio Estado Mayor de la Defensa (EMAD) en su cuenta oficial de la red social X.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.