Caballas del Estrecho
Si hay algo por lo que este verano pasará a la historia no será por el Mundial, ni por el eclipse y tampoco por los incendios –demasiados incendios– que consumen nuestros campos.
En estos días, desgraciadamente, Ceuta se ha convertido en el centro de la información internacional: la frontera, el chantaje, la desidia, la invasión, la presión a la que se está sometiendo a una población que es más española y andaluza de lo que a veces recuerda el resto del país.
Hay un término que lo define mejor que cualquier tratado administrativo o acuerdo político: caballa.
Es el gentilicio oficioso con el que se reconocen los ceutíes.
Y basta pronunciarla en Cádiz para descubrir que Ceuta nunca estuvo tan lejos como dice el mapa.Durante casi dos siglos, Ceuta fue un municipio de la provincia de Cádiz.
La división provincial de 1833 la situó al otro lado del Estrecho, pero dentro de la misma provincia.
Hubo dos interrupciones –durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República–, pero la vinculación gaditana se prolongó hasta 1995, cuando el Estatuto de Autonomía convirtió a Ceuta en ciudad autónoma.
Quizá por eso no resulte extraño encontrar caballas en Cádiz.
Los hay de nacimiento, de familia y de memoria.
Gentes que cruzaron el Estrecho para buscarse la vida y acabaron haciendo de Cádiz su casa; caballas que durante generaciones enteras hicieron del Estrecho una distancia cotidiana.
Para ellos, Ceuta no estaba lejos.
Estaba enfrente.Con Granada ocurre algo diferente, pero no menos profundo.
Ceuta forma parte de la Universidad de Granada, que mantiene allí uno de sus campus.
La relación universitaria tiene décadas de historia y ha hecho que miles de jóvenes ceutíes hayan pasado por Granada, al tiempo que profesores y estudiantes peninsulares han cruzado el mar en sentido contrario.
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