El jet lag que no necesita avión: por qué la vuelta de vacaciones agota tanto como cruzar el Atlántico
El jet lag que no necesita avión: por qué la vuelta de vacaciones agota tanto como cruzar el Atlántico
Ocurre cada septiembre. Tras semanas de descanso y noches sin despertador, la vuelta al trabajo llega acompañada de un cansancio que no parece tener sentido. Cuesta madrugar, cuesta concentrarse y el cuerpo se comporta como si acabara de bajarse de un vuelo transoceánico , aunque no se haya salido de la ciudad en todo el verano.
Ese desajuste tiene nombre: jet lag social . No hace falta cambiar de huso horario para sufrirlo. Basta con haber pasado un mes cenando tarde, trasnochando y durmiendo sin horarios fijos para que el reloj biológico se desplace y deje de coincidir con el despertador.
El problema se agrava con una costumbre muy extendida: intentar arreglarlo todo el último fin de semana, acostándose de golpe dos horas antes. Esa corrección brusca suele traducirse en insomnio, fatiga matutina y un regreso a la rutina mucho más duro de lo necesario.
La Dra. Blanca Díaz Montoya , jefa del Servicio de Neurofisiología Clínica en los hospitales universitarios Fundación Jiménez Díaz , Rey Juan Carlos, Infanta Elena y General de Villalba, explica en qué consiste exactamente este fenómeno: "El jet lag social es el desfase entre nuestro reloj biológico interno y los horarios que seguimos por obligaciones sociales o laborales. La diferencia con el jet lag de los viajes es que en este último cambiamos de huso horario y el reloj interno debe adaptarse a una nueva referencia temporal. En el jet lag social no nos desplazamos; lo que cambia es nuestra conducta. Sin embargo, en ambos casos existe una desalineación circadiana que afecta al sueño, las hormonas, el metabolismo y el rendimiento cognitivo".
La idea clave es esa desalineación circadiana : el cuerpo sigue funcionando con el horario del verano mientras la agenda exige el de septiembre, con un efecto idéntico al de un viaje de larga distancia sin haber pisado un aeropuerto.
El organismo dispone de un reloj central en el cerebro, en el llamado núcleo supraquiasmático del hipotálamo, que se pone en hora sobre todo con la luz , pero también con los horarios de sueño, comidas y actividad física. En vacaciones, todas esas referencias se alteran a la vez. Como señala la especialista, "cuando en vacaciones retrasamos las cenas, nos exponemos a luz nocturna y variamos de forma significativa la hora de acostarnos, enviamos señales contradictorias al sistema circadiano".
Y el desajuste no se queda en el cerebro. El cuerpo funciona como una orquesta en la que cada órgano sigue su propia partitura horaria, y el verano puede hacer que dejen de tocar al unísono. La Dra. Díaz Montoya advierte de que "este fenómeno puede producir una desincronización temporal entre los relojes periféricos de órganos como hígado, intestino o tejido adiposo y el reloj central cerebral". De ahí que el descontrol horario pueda notarse también en la digestión o el metabolismo .
Muchas personas regresan de vacaciones desconcertadas: han dormido más que nunca y, aun así, se sienten agotadas. "La calidad y regularidad del sueño son tan importantes como la cantidad. Dormir más horas no siempre significa descansar mejor.
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