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Sor Corazón, monja de clausura: «Yo veía a mis amigas que estaban con los muchachos, yo también, pero notaba en ellas una cosa que yo no notaba»

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Sor Corazón, monja de clausura: «Yo veía a mis amigas que estaban con los muchachos, yo también, pero notaba en ellas una cosa que yo no notaba»

Cuando pensamos en las monjas de clausura, a muchos puede venirle a la cabeza la imagen de un mundo antiguo, cerrado y lejano.

Sin embargo, detrás de las paredes de un monasterio hay mujeres con historias normales que un buen día decidieron tomar un camino muy distinto al de la mayoría.

Así se ha visto en el programa 'Los Reporteros' de Canal Sur, que ha entrado en el monasterio de la Purísima Concepción , en Mairena del Aljarafe, para charlar con las religiosas y escuchar cómo terminaron allí.Durante la conversación entre las propias hermanas, cuando recordaban qué las llevó a dar el paso, sor Corazón dejó una de las confesiones más sinceras del programa.

Al acordarse de su juventud, la hermana explica cómo vivía antes de entrar en la congregación: «Yo tenía amigas y las veía que estaban con los muchachos, y yo también, igual, pero notaba en ellas una cosa que yo no notaba».

Una forma muy clara de contar cómo, mientras hacía exactamente lo mismo que las chicas de su edad, sentía por dentro que lo suyo iba por otro lado .Salir de fiesta, tener novio y cambiar de planeLa vivencia de sor Corazón refleja muy bien cómo eran sus vidas antes de tomar los hábitos.

En esa misma charla, la hermana sor Lourdes contaba que a ella de joven le encantaba salir : «La gente me veía que iba a todas partes, a los bailes y a todo, y cuando se enteraron de que me iba al convento, se quedaron helados».

A su lado, sor Adela confesaba que de muchacha ni se le pasaba por la cabeza ser religiosa .

Era su hermana la que siempre decía que quería entrar en un convento, mientras ella se reía y la llamaba beata.

Al final las cosas cambiaron y su hermana se casó, tuvo tres hijos y la que acabó feliz entre muros fue ella.No son casos aislados.

En el Monasterio del Espíritu Santo, en El Puerto de Santa María, la hermana María Kareem recordaba que en su México natal tenía la vida prácticamente resuelta antes de venirse a España. «Tenía novio, me iba a casar, teníamos la casa lista y los planes con las amigas para los fines de semana, pero sentía que en mi corazón faltaba algo».

Romper con todo aquello no fue fácil para nadie de su entorno, pero asegura que en el monasterio encontró la paz y la alegría que llevaba tiempo buscando.Un día a día lleno de trabajo, charlas y caféLejos de la idea de un silencio absoluto y triste, la vida dentro del convento tiene mucho de convivencia y de trabajo compartido.

El día empieza temprano, sobre las seis de la mañana, con unos primeros momentos dedicados a la oración y al silencio.

Pero en cuanto pasa el desayuno, la casa se llena de actividad.Cada una tiene su tarea asignada .

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.

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