Artesanía
En torno a 1923, un psiquiatra suizo inició la construcción con sus propias manos de un edificio a orillas del Obersee del Lago de Zurich, que más adelante se convertiría en su refugio íntimo y personal en etapas especialmente difíciles de su vida, la llamada Torre de Bollingen.
Consideraba que el trabajo manual tenía un enorme beneficio terapéutico, y desde luego lo incorporó al método psicoanalítico desarrollado por él.
Su nombre era Carl Gustav Jung, uno de los padres del psicoanálisis junto a Sigmund Freud.
Para Jung, el trabajo manual era una necesidad vital cuyo cultivo resultaba imprescindible para el mantenimiento de la salud mental, a través de dos aspectos concretos, el anclaje a la realidad y el desarrollo de la imaginación creativa.
Precisamente estos dos aspectos jungianos definen a la perfección el trabajo artesano, situándolo en la frontera entre la simple producción de bienes materiales y la obra de arte.
El trabajo directo con las propias manos sobre la materia forma parte constitutiva de lo que nos hace ser humanos, el «homo faber», y es una de las fuentes de nuestra dignidad.
Si bien es cierto que el trabajo ha sido utilizado habitualmente por el poder, en abstracto, sin distingos entre lo económico, lo social y lo político, como una herramienta de dominación y castigo sobre amplísimos grupos humanos –pensemos en la esclavitud, en los campos de trabajos forzosos y en tantísimas formas de deshumanización generadas por nosotros mismos a través del trabajo- no puede negarse que el trabajo realizado de un modo libre, voluntario y creativo no sólo no es una condena, sino que es, como decimos, parte constitutiva y esencial de nuestra dignidad, pues a través de ese mismo trabajo llegamos a ser lo que somos, como bien describió también Jung al plantear que el trabajo físico actuaba como un catalizador del proceso de individuación por el cual la persona llegaba a una integración psíquica y a la autorrealización, o dicho de otro modo, el trabajo no sólo transformaba la realidad material, sino que transformaba al mismo tiempo al sujeto que lo practica.
Pero aún hay otro elemento en nuestro tiempo que hace que el trabajo artesano adquiera a pasos agigantados un valor que hasta entonces no ha tenido y que lo está convirtiendo casi en un recurso indispensable para la supervivencia de la humanidad: se trata de la tecnología en general y de la Inteligencia Artificial en particular.
El que escribe estas líneas tiene entre sus muchas carencias la de una extraordinaria torpeza para realizar cualquier tipo de tarea manual, hasta el punto de estar convencido de que sólo tiene manos para destrozar cosas.
Por esta razón, siempre he admirado mucho a las personas que son capaces de crear tanto utilidad como belleza con sus propias manos.
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