72.000 almas entregadas a 'The Special One'
Había que pellizcarse para comprobar si lo que estaba ocurriendo en Chamartín era real.
José Mourinho se encontraba sentado en el banquillo local, como entrenador del Real Madrid.
Muchas emociones latentes en una de las últimas noches del mes de agosto.
Emoción, ilusión, expectación, gratitud, felicidad.
Un día en el que se notaba la fecha de la disputa del partido por la presencia de extranjeros en los aledaños del campo.
También se mostró el nuevo juego de luces del estadio en la previa del duelo.
Mou estuvo muy activo e insistente con sus jugadores en todo momento.
Como acostumbra.
Salía del banquillo, daba indicaciones y volvía a él.
Repitiendo esto durante todo el encuentro.
No se movió de su asiento en ninguno de los tantos.
Ni en el de los suyos, ni en el del rival.
En la grada, no tardó ni un minuto en escucharse el clásico «José Mourinho, José Mourinho».Aquella corriente y forma de vida que es el mourinhismo floreció de nuevo en un estadio que la adoptó en 2010 y del que nunca se fue.
Mourinhistas hay por todo el mundo.
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