La legendaria tiara de la princesa Astrid cambia de manos: más de un siglo de diamantes y turquesas que ahora lucirá la reina Mette-Marit
La muerte de la princesa Astrid de Noruega ha supuesto el cierre de una de las etapas de la historia del país. Tras el fallecimiento del rey Harald V de Noruega el pasado 28 de agosto, ha sido durante el día de hoy cuando se ha desvelado la muerte de su hermana, provocando una inmensa tristeza sobre el territorio nórdico. No obstante, el legado de quien acompañó a su hermano a comportarse con fidelidad ante la corona , sigue vivo manteniendo una vida de leyenda. Fue su elegancia, su sabiduría y un impecable joyero los que lograron hacer de Astrid una de las mujeres más elegantes de la historia del país, pues era en cada aparición solemne cuando lucía con agrado un destacado parure de turquesas que recaían sobre su testa, su clavícula y su hombro; a través de una tiara, un collar y un imponente broche lleno de historia.
Hermana del rey Harald V, nació en el seno de la dinastía Glücksburg, aunque los principios de su vida no destacaron por estar a la sombra de la Corona, sino por uno de los exilios más destacados de la historia del país. Al igual que su hermano, tuvo que exiliarse a los Estados Unidos durante su infancia a raíz de la invasión nazi. Una experiencia que marcó su vida para siempre , aunque fue la muerte de su madre lo que la convirtió en un verdadero activo para la Corona. La princesa heredera Marta falleció tan solo tres años antes de que Olav —padre de Harald, Astrid y Ragnhild— accediera al trono. El monarca permaneció viudo el resto de su vida, mientras su hija, la princesa Astrid, ejerció como primera dama durante los primeros años de su reinado.
Un hecho que la convirtió, inevitablemente, en una de las grandes protagonistas de la Corte Real, aunque sin renunciar por ello a su propia vida. Contrajo matrimonio con un medallista olímpico, una unión que supuso la pérdida de su tratamiento de Su Alteza Real. Este amor además le costó su posición como primera dama, así como su derecho a la sucesión al trono de Noruega , aunque fue feliz hasta la muerte de su marido. Una vida en la que, tras lograr la conciliación familiar, se dedicó, además, al servicio de la Corona. Siempre estuvo presente en cada uno de los actos más destacados de la monarquía, luciendo en cada destacada ocasión las que, en cierto modo, han sido sus compañeras de vida: sus joyas más preciadas, rodeadas de diamantes y deslumbrantes por el imponente azul de sus turquesas.
El parure de turquesas de la difunta princesa comenzó a tomar forma en 1902, treinta años antes de su nacimiento, y sin ella saberlo, ya se estaba escribiendo la historia que algún día pasearía por los entornos palaciegos. Fue el amor entre el rey Eduardo VII y la reina Alejandra lo que dio como resultad la elegancia de Astrid, pues con motivo de s 58 años, el monarca cedó a su esposa esta imponente tiara fromada pòr diamante sy turquesas, y aunque no existe material de mencionada haciendo uso de la alhaja, tras su muerte fue heredada poor su hija, la que se convertiria en la reina Maud de Noruega.
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