Geopolítica y Universidad
Durante décadas, la educación superior se benefició de una premisa rara vez cuestionada: el mundo avanzaba hacia mayor integración y cooperación.
La movilidad estudiantil crecía, la investigación colaborativa florecía entre fronteras y la academia operaba en un mercado global de talento e ideas.
Aunque los gobiernos competían por influencia económica y política, la educación superior era considerada un bien universal, impulsado por la apertura, el intercambio y la cooperación.
Hoy, esa idea está siendo puesta a prueba.La rivalidad entre grandes potencias, la fragmentación de la globalización, la inflación y la inteligencia artificial redefinen las condiciones bajo las que operan las instituciones educativas.
Lo que antes eran factores externos —geopolítica, economía, tecnología— se han convertido en fuerzas que transforman la educación desde dentro.
Las universidades dejan de verse solo como espacios de formación e investigación para convertirse en herramientas de competitividad e influencia geopolítica.La movilidad estudiantil, la atracción de talento y los avances científicos se asocian cada vez más con el poder nacional.
Estados Unidos, China, Reino Unido o los Emiratos Árabes destinan enormes recursos a captar talento y liderar la carrera de la innovación, en lo que se conoce como la economía del talento: un modelo en que capital humano, innovación y conocimiento impulsan el desarrollo económico.
Para las universidades, la misión central no cambia, pero el entorno en que la persiguen está cada vez más condicionado por la competencia geopolítica.El número de estudiantes internacionales en el mundo pasó de 2,1 millones en 2000 a casi 6,9 millones en 2022, pero muchos países de destino han endurecido sus políticas migratorias.
En Estados Unidos, la tasa de rechazo del visado F-1 alcanzó el 35 por ciento en 2025, lo que contribuyó a una caída del 17 por ciento en estudiantes internacionales entrantes.
Canadá y Australia también han limitado la entrada de extranjeros.
La aparente contradicción –competir por el talento global y restringir su entrada– responde a cuatro lógicas: selectividad, seguridad nacional, capacidad doméstica (en Canadá, presión sobre la vivienda) y economía política interna.
Como sugerí en un artículo en ‘The Conversation’ , aunque ningún país busca abandonar la carrera por el talento, el efecto conjunto puede lograrlo: mientras algunos filtran, otros captan sin esas restricciones.En investigación, limitaciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han convertido las colaboraciones internacionales en cuestiones de seguridad nacional, limitando el flujo de talento del que dependen los gobiernos para competir en IA, semiconductores y biotecnología.Los cambios demográficos redibujan además el mapa global del talento.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.