Óscar de Marcos, exjugador del Athletic Club y misionero: «La realidad en África era bien distinta. Los importantes eran ellos y a mí no me conocía nadie»
El fútbol y la religión encontraron un punto en común este miércoles en la Catedral Vieja de Vitoria.
El templo acogió una celebración del centenario del Domingo Mundial de las Misiones, el DOMUND, en Vitoria-Gasteiz, cuna del movimiento misional en España.
Uno de los protagonistas del acto fue Óscar de Marcos .El exjugador del Athletic Club y del Alavés, ahora técnico en el club rojiblanco, es también un misionero .
En las épocas de menos compromisos con sus jugadores, participa como voluntario en las diversas misiones que allí organiza la Iglesia católica.
Hasta el momento ha ayudado en Togo, Perú o las islas griegas.Pronunció el pregón del DOMUND 2026, un discurso para inaugurar el centenario de esta jornada mundial que culmina este domingo.
Con sus palabras, explicó como una experiencia como la misión puede cambiar la vida a un joven futbolista como él.Del Athletic a Togo con 20 años«Siendo jugador del Athletic estaba en una charla en un colegio en Deusto, en Salesianos, cuando un chaval me hizo una pregunta: '¿Tú que eres una persona socialmente conocida, cómo utilizas ese poder que tienes para ayudar a los demás?' No supe qué decir, me quedé sin palabras», recordó.
Aquella pregunta le dejó descolocado.
El niño le hizo ver que estaba siendo egoísta con su vida y su carrera deportiva.Óscar de Marcos tenía por aquel entonces 20 años y acababa de firmar con el equipo de sus sueños, el Athletic Club.
Pero, en su interior había encontrado el vacío de vivir para sí mismo.
Confesó que salió de esa charla en el colegio con el firme propósito de cambiar el rumbo de su vida: «Fui a donde el director y le dije: 'Quiero irme a África'».Y así fue. «Unos meses después ahí estaba con 20 años en África intentando poner los pies en el suelo después de haberme creído una persona importante simplemente por ser conocida».
En Togo entendió que el mundo era más duro y complejo que lo que él podía ver en su círculo íntimo en Bilbao y Laguardia. «La realidad era bien distinta, los importantes eran ellos y a mí no me conocía nadie», confesó.
Esta frase se cumplía en cada persona con la que se encontraba.
Recuperó la anécdota de un misionero que, a riesgo de enfrentarse a las autoridades locales, rescató a una niña que iba a ser asesinada.El misionero que rescató a una niña de la ejecuciónEl episodio era una muestra de la entrega que se vive en este estilo de misiones: «Hubo una situación en uno de aquellos viajes que me marcó especialmente, una situación que creo que explica perfectamente lo que es ser misionero».
Contó que «un día estábamos comiendo y entre ellos estaba José Luis, un misionero que llevaba más de 25 años dedicando su vida a ayudar en África.
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