El James Webb ha encontrado los restos de choques violentos entre mundos en formación. Y son más comunes de lo que creíamos
Hace años, el telescopio espacial Spitzer encontró algo curioso en torno a unas pocas estrellas jóvenes.
Se trataba de discos de polvo inusualmente calientes, muy diferentes a los discos de escombros convencionales que pueden quedar como remanente después del nacimiento de estas.
Para poder estudiar el origen de estos fenómenos, bautizados como discos de escombros extremos, era necesario detectar más casos.
Sin embargo, el Spitzer se “jubiló” sin llegar a lograrlo.
Por suerte, el James Webb sí que ha dado un gran paso en ese aspecto, aportando datos que han permitido a los científicos desentrañar algunos de los misterios de estos curiosos discos.
5+16.
Un equipo internacional de astrónomos ha estudiado un total de 21 de estos discos de escombros extremos.
Cinco fueron observados por el Spitzer, mientras que los 16 restantes los ha captado el Telescopio Espacial James Webb.
De esos 16, 4 habían sido detectados previamente por el Spitzer, aunque las observaciones del Webb sean las que se han usado.
El telescopio jubilado ha jugado un papel muy importante.
Puntos en común .
Al observar todos estos discos en conjunto, se ha visto que tienen varios puntos en común.
En primer lugar, la presencia de granos de polvo mucho más finos que los de los discos de escombros convencionales.
Por otro lado, la presencia de polvo muy caliente.
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