Con enaguas y de luto en el trópico africano
En las dependencias de la Royal Geographical Society, en Londres, custodian un sombrerito de piel que parece una boñiga de vaca aplastada: perteneció a la viajera victoriana Mary Henrietta Kingsley.
Con ese bonete en la cabeza se adentró en el trópico africano, ataviada con un vestido negro hasta los tobillos, blusa de cuello alto y enaguas, aunque de vez en cuando, confesó, se colocaba un pantalón de su hermano debajo de las sayas.
Una dama adelantada a su tiempo, que se atrevió a comer serpiente y le arreó un palazo en el hocico a un cocodrilo que pretendía subirse a su canoa; luego siguió remando, muy tiesa.
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