Esa tensa cuerda de la paciencia
En Ceuta no se ha producido ya un estallido social porque la inmensa mayoría de la población es lo bastante cuerda para no dejarse arrastrar por la tentación de la violencia.
Este fin de semana incluso se suspendió una protesta ante la posibilidad de que acudieran grupos de radicales dispuestos a encender la mecha que convierta el descontento en una hoguera.
Pero el riesgo existe porque el hartazgo y la sensación de abandono aumentan en proporciones geométricas ante la falta de soluciones de un Gobierno incapaz de restaurar la normalidad por desidia o por incompetencia. (Más vale no pensar siquiera en la posibilidad de que a alguien le convenga que la ira explote para poder armar el consabido relato de la xenofobia de la ultraderecha).
El pan está racionado porque las panaderías no alcanzan a satisfacer la demanda.
Los incidentes provocados por algunos grupos de ocupantes se multiplican a medida que la situación se estanca.
El temor a salir a la calle empuja a muchas personas mayores a autoconfinarse en sus casas.
Los supermercados tienen que abrir bajo fuertes medidas de vigilancia.
Hay campamentos improvisados en las playas donde el Ejército y la policía no se bastan para controlar los chispazos de tensión que brotan con frecuencia diaria.
Las autoridades repiten llamamientos a la calma mientras el curso escolar se aproxima sin que la seguridad de los colegios esté garantizada.
Un cuadro de malestar colectivo que amenaza con desbordar el marco de la razonable paciencia ciudadana.Los ceutíes no son gente intolerante, como los trata de pintar un cierto oficialismo mediático.
Desde hace muchos años conviven en la escuela niños musulmanes, judíos, hindúes y cristianos; pocos lugares hay en España donde un mosaico cultural tan heterogéneo resulte menos problemático.
Lo que ha sucedido este verano no es un conflicto racista sino un colapso funcional motivado por la llegada de un contingente masivo que burló la frontera marítima a nado.
Hubo complicidad marroquí en el asalto y negligencia española en la prevención y gestión del caos.
Y los habitantes del territorio invadido son víctimas de un incidente político, consentido o provocado, y de una cadena inaceptable de fallos.
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