Por donde no pasa el tiempo
Sevilla es un caldero en el que hierve la noche del sábado.
En los veladores del Paseo Colón hay el jaleo típico de los fines de semana.
Al filo de las 21:00 en la Puerta de La Maestranza hay colas enormes para acceder al coso.
Vestidos estampados, escotes imposibles, camisas morantistas.
Lunares, guayaberas, barbas perfiladas al milímetro, festival de aromas del Primor.
Gitanería de pura cepa, pijerío sevillano.
Todo unido en una comunión festiva. ¿Por aquí son los tendidos pares o impares? Se apuran botellines y vasos de sidra.
Se inmortaliza en momento con los teléfonos.
Yo nunca he venido a la Plaza de Toros.
Se me cae el moño, tía.
Todos los reunidos están congregados para asistir al concierto de María Rosa García García, Niña Pastori , que hace más de 30 años que tomó la alternativa en los coliseos del arte con su debut discográfico 'Entre dos puertos'.
La propuesta de la cantaora se llama 'Color Fania' , un proyecto en el que se mete de lleno a indagar en los grandes éxitos del sello neoyorquino Fania Record's, que en la década de los 60 a los 70 fue el responsable del salto a la fama internacional de la salsa.
Lo que pretende ser «un puente tendido entre mi bahía de Cádiz y Nueva York», en palabras de la propia artista de la que Camarón se quedó prendado cuando apenas levantaba un palmo del suelo.
El bochorno se sofocaba por la muchedumbre con abanicos y cerveza.
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