Si de mí dependiera
Si de mí dependiera es bastante improbable que viviese en un país en el que las mujeres van cubiertas con velo y no les dejan entrar en los bares ni hacer muchas otras cosas sin tener que rendir cuentas a padres, a hermanos y a maridos de aquello que únicamente les pertenece a ellas.
Podría uno incluso pasar por alto las llamadas a oración del muecín que ondulan, como vencejos, los cielos de sus ciudades.
Supongo que me acostumbraría a sus clericales melismas, como nos hemos hecho a las campanas, tan melancólicas siempre.
Ahora, vivir rodeado de hombres a todas horas...Las escenas que nos llegan de Ceuta lo confirman.
De los miles de marroquíes que la invadieron y aún permanecen en la ciudad, vagan por sus calles y acampan en sus playas únicamente los varones.
De ellos es el espacio público.
Reproducen en un país democrático sus costumbres medievales y preilustradas.
Las mujeres, reducidas en recintos cerrados, se agrupan y defienden como pueden, poco, porque algunos hombres, si pueden, acaban violando a las más jóvenes, niñas y muchachas.
Ante el asombroso mutismo de las feministas y ministras españolas y la inacción de los propios moros.
Se ve que a estos la honra, fuera de la familia, les importa menos, como tampoco mucho la democracia.Nada de guillotinas: sean volterianos, no asesinos.
Pero sí obligar a Mohamed VI a devolver al pueblo lo que él, su padre y el padre de su padre le han robadoSe entiende: vienen de un reino cuyo monarca los mantiene sin respiro bajo su babucha y en la miseria.«La prueba de que Ceuta –vale igual para Melilla– no es Marruecos es que los ciudadanos marroquíes se matan –literalmente, se matan– por salir de Marruecos y entrar en Ceuta.
O en Melilla», escribía Gabriel Albiac.
No sé.
Sería cierto si el deseo de salir de Marruecos fuese completo, quiero decir, dejando atrás todo lo que arrastran.
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