Restaurar la memoria y pintar la devoción
Jesús E.
Alemañy acaba de salir de «Primada» maravillado.
La exposición de arte sacro que conmemorar los ocho siglos de la colocación de la primera piedra de la Catedral le ha dejado, dice, «fascinado».
No parece casualidad que la conversación discurra precisamente aquí, en Toledo, ante una muestra en la que arte, fe, historia y patrimonio se dan la mano.
Son, en cierto modo, los cuatro vértices sobre los que se mueve la trayectoria de este joven albaceteño nacido en 1997.Restaurador y conservador especializado en patrimonio textil, y al mismo tiempo artista multidisciplinar volcado especialmente en el arte sacro, Alemañy vive entre dos maneras de aproximarse a una obra que, lejos de ser incompatibles, se necesitan: conservar lo que otros hicieron antes y crear nuevas obras que algún día también formarán parte de la memoria colectiva.Este lunes ha regresado a Castilla-La Mancha para presentar en Castillo de Bayuela (Toledo) el cartel de la coronación canónica de su patrona, la Virgen del Castillo.
Una jornada especialmente señalada porque coincide con el segundo día de la novena en honor a la Virgen y porque el cartel anuncia ya una fecha que el pueblo tiene marcada en rojo: el 25 de marzo de 2028 , día en que la imagen será coronada canónicamente, tal y como anunció el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves.Para Alemañy, recibir el encargo de este cartel no fue un trabajo más. «Un cartel de coronación es una cosa muy importante», explica.
No solo para una hermandad, sino para todo un pueblo, porque en él queda reflejada «la parte devocional» y, con ella, una parte esencial de la identidad de quienes viven alrededor de una imagen.El encargo llegó a través de las redes sociales.
Arnau, uno de los responsables del proyecto, se puso en contacto con él después de conocer su trabajo.
A partir de ahí comenzó un proceso de documentación, conversaciones e intercambio de ideas hasta dar con la composición definitiva tras varios bocetos.En el centro está la Virgen del Castillo con el Niño.
Pero nada en la escena está colocado al azar.Alemañy ha querido representar de manera simbólica la coronación de la Virgen a través de uno de los ángeles, que se dispone a colocarle una corona de flores.
El Niño aparece ya coronado por el sol, una referencia a Cristo como «Sol de Justicia».
El segundo ángel incorpora otro de los elementos que vinculan directamente la obra con el territorio: sostiene un plato de cerámica en alusión a la tradición cerámica de Talavera de la Reina y a la Iglesia de San Andrés del pueblo, cuyo retablo es obra del ceramista Juan Ruiz de Luna (1863-1945).Y después está la luz.
El fondo representa un amanecer, una elección que responde a una doble intención.
Por un lado, el sol coincide visualmente con la cabeza del Niño.
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