Luces rojas en el sistema de pensiones
Mientras crece la preocupación de muchos ciudadanos sobre el impacto de la inteligencia artificial sobre el trabajo, el Gobierno acaba de aprobar medidas para compatibilizar el empleo con la jubilación.
El propósito no explícito es reducir la factura de las pensiones, que ha crecido exponencialmente por el envejecimiento de la población.El gasto del Estado en pensiones ascendió a 96.000 millones en 2010 y este año se situará en torno a los 200.000 millones, lo que significa que se ha duplicado en tan solo 16 años.
El déficit del sistema (la diferencia entre lo que se recauda y lo que cuestan las prestaciones) está ya por encima de los 50.000 millones de euros.Las pensiones se pagan puntualmente porque el Estado presta dinero a la Seguridad Social, que le debe 120.000 millones de euros.
Naturalmente esta suma es una subvención encubierta que nunca se va a devolver.
Aunque las cuentas de la Seguridad Social son sumamente complejas y poco transparentes, queda en evidencia que solo la creciente financiación del Estado permite cubrir las prestaciones.El ratio entre quienes trabajan y quienes están jubilados es ahora de 2,3, pero las proyecciones demográficas anticipan que se irá reduciendo hasta hacer insostenible el sistema.
Esto lo han dicho muchos expertos sin encontrar eco en los partidos.En España la reforma de las pensiones es un tema tabú.
Todas las fuerzas políticas saben que abordar este asunto es impopular y que tendría un alto coste electoral.
Pero ignorar un problema no implica que desaparezca.
Más bien al contrario.
Por ello me llamó mucho la atención que el reciente debate de los candidatos franceses a la presidencia se centrara en este asunto.
Pese a que el sistema es altamente deficitario en Francia, Mélenchon propuso reducir la edad de jubilación a 60 años por razones humanitarias.
La misma controversia está teniendo lugar en Alemania, donde los socios de la coalición de Gobierno discuten sobre si es necesario recortar las prestaciones y retrasar la jubilación.Antes de dejar el poder, Felipe González logró sacar adelante el Pacto de Toledo, que estabilizó las cuentas de la Seguridad Social.
Han pasado más de 30 años y resulta necesaria una revisión del sistema para hacerlo sostenible.
Y una de las medidas de puro sentido común es flexibilizar el trabajo en la edad de jubilación, como ya se está haciendo, a cambio de una reducción de la prestación.
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