Menos ruido y más propuestas
Con una notable desventaja en las encuestas, acorralado por la corrupción y desbordado por la crisis de Ceuta, la estrategia de Pedro Sánchez de cara al 29 de noviembre era enteramente previsible: llevar hasta el paroxismo la polarización.
No sólo está intentando rentabilizar el comprensible dolor por la muerte de Maricarmen Abascal, sino que ha impulsado además una campaña de confrontación con la derecha que culminará en una huelga general que, como subrayó María Jesús Montero , se hace «contra la oposición».No hace falta recordar que el presidente del Gobierno ha llegado a deslegitimar el Congreso como representante de la soberanía nacional al contraponerlo a una voluntad popular que él representa.
No hay ningún precedente desde la Transición de una impostura semejante.Que Sánchez pretende embarrar el campo no es una sorpresa.
Pero sí la torpeza del PP al entrar en un cruce de descalificaciones y reproches, arte en el que el líder del PSOE es un maestro, y en la desafortunada decisión de poner bajo sospecha el voto por correo.
Es lo que el inquilino de la Moncloa quería: una campaña trufada de insultos e insidias personales.La política se ha tornado un espectáculo en el que los relatos pesan mucho más que las ideas y los programas.
Hasta finales del siglo XX, los partidos libraban las batallas en el plano ideológico.
Hoy se dilucidan en las redes y en los platós.
Todo se ha vuelto puro simulacro.Soy consciente de que mi edad me induce a pensar con sesgos que probablemente son anacrónicos, por lo que nadie debe tomarse estas líneas como un consejo o una guía.
Son una simple reflexión, sin más pretensión que el desahogo.
Dicho esto, creo que el PP debería alejarse del ruido dominante y tomarse el trabajo de concurrir a las elecciones con un programa para afrontar los grandes problemas del país.Desde el dramático problema de la vivienda, agudizado en los ocho años de gestión de Sánchez, hasta el deterioro de nuestro sistema educativo, reflejado en el informe PISA , sería de agradecer el conocimiento de cuáles son las recetas que propone Feijóo para revertir la situación.
Y, sobre todo, parece necesario un plan de regeneración para acabar con la manipulación de las instituciones y el uso patrimonial del poder que ha exhibido el presidente.A mi modo de ver, España necesita una alternancia, pero no para repetir los modos de gobernar de Sánchez ni para asaltar el sector público.
Basta ya de sectarismo, polarización y corrupción.
Necesitamos un cambio que devuelva la confianza a los ciudadanos y acabe con este clima guerracivilista.
Siempre he creído que un gobierno de coalición entre el PP y el PSOE sería la mejor alternativa, pero soy muy consciente de que eso es imposible con Sánchez.
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