Treinta años de la jornada continuada que puso fin a dos años de conflicto escolar en Toledo
Este 24 de septiembre se cumplen treinta años de una votación que puso fin a uno de los conflictos educativos que más había dividido a la comunidad escolar de Toledo.
El 24 de septiembre de 1996, los padres de alumnos de los 16 colegios públicos que entonces existían en la capital acudieron a las urnas para decidir si querían implantar la jornada continuada.Las votaciones comenzaron a las nueve de la mañana y, a última hora de la tarde, los colegios electorales levantaron las actas.
El resultado dejó clara la posición mayoritaria de las familias .
De un censo de 4.326 padres, participaron 3.826.
Un total de 3.440 votaron a favor de la jornada continuada y 324 lo hicieron en contra.En algunos centros, el respaldo fue especialmente elevado .
En La Candelaria de Azucaica, los votos favorables alcanzaron el 91,43%, mientras que en el Garcilaso de la Vega llegaron al 92,47%.
En seis colegios únicamente se contabilizaron dos votos en contra de la implantación del nuevo horario y en el Fábrica de Armas solo hubo uno.También en el Alfonso VI, Ciudad de Nara, Jaime de Foxá, Gómez Manrique y Ángel del Alcázar el apoyo fue muy amplio.
Con un censo conjunto de alrededor de 400 padres, cerca del 90% de los participantes se decantó por el sí.Aquel resultado cerraba dos años marcados por manifestaciones, concentraciones, encierros y protestas semanales de padres y profesores.
En aquellos momentos, las competencias educativas todavía correspondían al Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) y el único colegio público de Toledo que disfrutaba de jornada continuada, con horario lectivo de 9 a 14 horas, era el Fábrica de Armas.El Ministerio, entonces dirigido por Jerónimo Saavedra, no atendió inicialmente la demanda para extender este modelo.
La saturación de los comedores llevó, sin embargo, a permitir que algunos centros implantaran la jornada continuada.
La elevada presencia de alumnos había obligado incluso a establecer dos turnos de comedor.La implantación llegó después de dos años de manifestaciones, encierros y protestas de padres y profesoresLa decisión abrió una brecha entre los colegios.
Los centros que quedaron fuera de aquel cambio protestaron y el conflicto terminó con la supresión de la jornada continuada incluso en el Fábrica de Armas.
La solución de igualar nuevamente los horarios no acabó con el problema, sino que incrementó las tensiones entre las familias, el profesorado y la Administración educativa.La situación llegó a provocar enfrentamientos dentro de la propia comunidad escolar y diferencias entre profesores en función de la postura que mantenían sobre el modelo de jornada.Julián BermúdezEl cambio de Gobierno central en 1996 abrió finalmente la posibilidad de que fueran los padres quienes decidieran mediante una votación qué horario preferían.
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