La batalla de Ampurias: la gran odisea arqueológica de la Hispania romana
En el 195 a.
C., frente a la antigua ciudad griega de Ampurias, el mar se llenó de velas.
Eran naves romanas que llegaban a la península ibérica con unos 24.000 soldados de infantería y 1.600 de caballería a bordo, además de los avituallamientos necesarios para mantenerlos con vida durante varios meses y lanzarlos al combate contra los íberos .
Al frente de aquel contingente estaba el cónsul Marco Porcio Catón, conocido entre los suyos como Catón El Viejo .
Una vez en tierra, estableció hasta dos campamentos cerca del objetivo y, durante semanas, se dedicó a organizar razias sangrientas contra los indígenas para saquear sus provisiones y entrenar a sus tropas.
Según contó Tito Livio, una noche a finales de verano, reunió por fin a sus hombres alrededor de la hoguera y, «tras consultar cuidadosamente los auspicios», partió con el objetivo de arrasar por sorpresa el campamento de los íberos antes de que se despertaran. «Al rayar el alba, dispuestas las tropas en línea de batalla, el cónsul envió tres cohortes al pie de la empalizada del campamento enemigo.
Sorprendidos los bárbaros de que hubiesen aparecido los romanos por su espalda, corrieron a por sus armas», contaba el historiador romano.Mientras esperaba el enfrentamiento, el cónsul romano se plantó frente a sus tropas y pronunció la siguiente arenga: «No tenéis esperanza alguna, soldados, salvo por vuestro valor.
Lo más glorioso y seguro es mantener la esperanza en vuestro valor».
Comenzaba la fase más decisiva de la misión que Roma le había encomendado: acabar con la rebelión íbera que se había iniciado dos años antes en el nordeste de Hispania, contra la recién creada provincia romana de Citerior.«Fue una batalla muy importante, porque desmontó casi definitivamente la resistencia indígena contra los romanos, quienes habían llegado a la Península tras derrotar a los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica.
Roma había reorganizado el territorio en las provincias de Ulterior y Citerior, y había designado a sus correspondientes gobernadores.
Cuando los indígenas vieron cómo funcionaba esta apropiación de sus tierras, se rebelaron contra los invasores.
En Citerior, que incluía Ampurias, la violencia fue tal que mataron a su primer gobernador.
Por eso Roma envió a Catón, cuya victoria facilitó la posterior pacificación de la Península Ibérica.
Fue un antes y un después», explica Jordi Principal, director del Museo de Historia de Cataluña y que hace seis años se empeñó en localizar el campo de batalla.
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