La gran frustración del cáncer de ovario: “No es que sea silencioso, es que no lo escuchamos”
María está a punto de entrar en el quirófano.
Tiene 51 años y hace pocos días le detectaron un cáncer de ovario en estadio III avanzado.
Eso significa que el tumor se ha diseminado fuera del órgano, pero, en su caso, se puede extirpar.
Sonríe.
“He tenido suerte”, dice.
El de ovario es un tumor que suele dar la cara con síntomas tan inespecíficos, que puede pasar desapercibido durante demasiado tiempo.
Desde una cama a pocos metros de la sala de operaciones del Hospital Vall d’Hebron, cuenta que su primera sospecha llegó tras una caminata larga: “Sentí una sensación de peso en la zona pélvica y me llamó la atención.
Estuve tres días con ese malestar, aunque tampoco eran molestias que no te dejaban vivir.
Pero me dio por ir al médico”.
Una ecografía reveló la enfermedad.
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