Sobran los argumentos
La economía no solo crece, sino que lo hace a un ritmo muy superior al de los que, con cierta cursilería, llamamos países de nuestro entorno.
Ese mayor crecimiento es el reflejo de una transformación estructural que se ha producido en los últimos años y que nos permite ser optimistas respecto al futuro.
Esto, no me entiendan mal, no significa que no arrastremos problemas que están todos los días en boca de todos, sino que esas carencias son perfectamente compatibles con un buen comportamiento del conjunto de la economía.Este crecimiento económico se está trasladando a los beneficios empresariales.
Los resultados de la banca, por ejemplo, son probablemente el mejor termómetro de cómo le van las cosas a España.
Y, tras una larga travesía en el desierto, en los últimos años la situación ha cambiado por completo.
El rally vivido en el sector está sustentado en una mejora clara de todas las métricas —rentabilidad, morosidad o eficiencia— y explica buena parte del mejor comportamiento relativo de la bolsa española.
El elevado peso del sector financiero, que durante mucho tiempo lastró al índice, es ahora uno de los principales motores del mercado .
Y todo apunta a que seguirá siendo así.
De hecho, es difícil imaginar un entorno más favorable para la cuenta de resultados de la banca.A lo anterior hay que sumar el más que probable cambio de gobierno que podría producirse en España en los próximos meses.
Dadas las circunstancias actuales y el elevado nivel de descontento existente, un nuevo Ejecutivo podría suponer un impulso adicional para la economía y para la bolsa española.En definitiva, sobran los argumentos para estar invertido en renta variable española.
La principal objeción que tradicionalmente se ha esgrimido, la situación política, parece debilitarse a ojos de muchos inversores .Importa lo que diceCuando las decisiones de los bancos centrales se ajustan a lo previsto, importa más lo que dicen que lo que hacen, porque lo que hacen ya está descontado por el mercado.
La subida de los tipos de interés de referencia estaba completamente telegrafiada.
Era «obvia», en palabras de la presidenta del BCE.
Lo que probablemente no era tan evidente era el tono duro del mensaje, interpretado por muchos como la antesala de nuevas subidas en las próximas reuniones.Todo dependerá de la evolución de la inflación, que a estas alturas parece estar muy condicionada por el comportamiento del precio del petróleo.Los banqueros centrales europeos no quieren volver a cometer errores.
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