Los terremotos vacían Granada: los locales se van a la costa y los turistas acortan su estancia
Lo resume un carnicero mientras atiende a un cliente: «Quedamos aquí cuatro gatos».
No es una sensación sino una certeza.
Granada suele tener menos gente local en agosto, porque muchos se van a segundas residencias que tienen en la costa, y también recibe menos visitantes que otros meses porque hace mucho calor.
Pero es un hecho que está más vacía desde que empezaron los terremotos.
Daniel, su mujer y sus dos hijas dejaron el martes su casa, entre Granada y Cenes de la Vega, para irse a Almería a casa de unos familiares.
Susana y sus dos hijos tiraron para Fuengirola y aseguran que no regresarán al menos hasta el viernes, y eso si la cosa está calmada.
En los dos casos, sus argumentos coinciden: «Los niños tenían miedo».
Ellos, probablemente, también.
Sería exagerado calificar de éxodo lo que está ocurriendo, pero quienes lo han vivido dicen que es palpable que, sobre todo el martes, hubo bastante más tráfico que de costumbre entre la capital y la costa.
Es cierto que, siendo agosto, mucha gente baja a las playas de Motril o Almuñécar, pero los atascos se producen los sábados y los domingos, no los martes.«Ya he agotado mis vacaciones, pero en la empresa me han dicho que puedo teletrabajar y, qué quieres que te diga, en la costa estamos más tranquilos que aquí», cuenta Alberto, que se ha marchado con su familia a La Herradura.
Tampoco tiene muy claro cuándo volverá. «He pillado atasco para bajar, así que el domingo seguro que no, porque me va a volver a coger para subir», acota.
Otro vecino del centro se queja de que él sí se tiene que quedar, porque regenta un negocio y debe estar físicamente, pero no oculta que le dan «envidia» los que sí se han ido, y conoce a unos cuantos. «Los he visto con los trolleys esos, o como se llamen, y me han dicho: 'Yo me voy, no quiero quedarme'.
Y tienen razón, porque yo vivo en el quinto piso de un edificio de cinco plantas, arriba del todo, y aquello se mueve que no veas.
Y mi casa es muy antigua, tendrá sesenta años o así», manifiesta, sin ocultar su inquietud.La calle Navas, llena de bares de tapas, tiene una zona acotada y eso aleja a muchos visitantes Antonio L.
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