“Cuando interpretas, sacas las cosas que dentro te molestan, y es una suerte”
A sus 56 años, Roberto Álamo (Madrid, 1970) recuerda con precisión el momento en que decidió dedicarse a la interpretación.
“Fue en el año 1982, yo tenía 12 años; cuando vi la película Días de vino y rosas , dije ‘quiero ser como Jack Lemmon, quiero ser actor’”.
Sobre el envejecimiento, mantiene una mirada pragmática: “Por momentos resulta algo hermoso y por momentos resulta una putada, no lo sé; como no es evitable, tampoco hay que luchar mucho contra ello, creo yo”.
Una actitud que resume también su relación con la profesión, marcada por la intensidad interpretativa y el reconocimiento de la industria, con dos Premios Goya y un Max de teatro.
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