Barcelona: el reto de convertir tecnología en industria
Resulta paradójico que hoy una empresa pueda conocer en tiempo real cuántas personas visitan su página web desde cualquier parte del mundo y, al mismo tiempo, tenga dificultades para saber qué material acaba de salir de su propio almacén.
Hemos digitalizado extraordinariamente bien el mundo virtual, pero todavía existen numerosos procesos físicos que dependen de una lectura de código, una hoja de cálculo o de que alguien recuerde registrar una operación.
Ahí se encuentra una de las grandes oportunidades de la próxima transformación industrial.Barcelona ha consolidado en los últimos años un ecosistema tecnológico con capacidad para generar conocimiento, atraer talento y desarrollar soluciones en ámbitos como la inteligencia artificial, la automatización, la robótica o la analítica de datos.
El reto ahora es convertir esa capacidad tecnológica en soluciones industriales que resuelvan problemas reales, puedan escalar y sean competitivas internacionalmente.La distancia entre desarrollar una tecnología y convertirla en una solución industrial sigue siendo considerable.
Una innovación puede funcionar en un entorno de laboratorio y, sin embargo, encontrar dificultades cuando se enfrenta a las condiciones reales de una empresa.
Los procesos productivos tienen restricciones, los costes condicionan las decisiones, los equipos deben integrarse con sistemas existentes y cualquier nueva herramienta tiene que demostrar que aporta un valor suficiente para justificar su adopción.Por eso, la innovación aplicada exige cambiar el punto de partida.
No se trata únicamente de preguntarse qué tecnología es posible desarrollar, sino qué problema merece ser resuelto.
La tecnología debe empezar por comprender el problema y no al revés.Pensemos en un almacén industrial.
Cada día entran y salen herramientas, componentes, recambios y materiales.
En muchas instalaciones, estos movimientos todavía requieren escanear códigos, introducir referencias o realizar comprobaciones manuales.
Cada interacción consume tiempo, introduce una posibilidad de error y genera una dependencia: para que el sistema sepa qué ha ocurrido, alguien tiene que explicárselo.
La verdadera automatización empieza cuando deja de ser necesario hacerlo.La validación en entornos reales resulta determinante.
Probar una solución sobre el terreno permite detectar limitaciones que difícilmente aparecen durante el desarrollo, adaptarla a los procesos existentes y medir objetivamente sus resultados.
Una tecnología industrial no demuestra su valor cuando supera una prueba controlada, sino cuando convive con instalaciones, trabajadores, incidencias y procesos reales.Esta cuestión adquiere todavía más importancia con la inteligencia artificial.
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