Carlos Aires: «Vomitar sobre el espectador es algo totalmente innecesario»
La producción de Carlos Aires (Ronda, 1974) podría ser leída como una banda sonora: 'Love is in the Air', 'Long Play', 'Sweet Dreams'...
Trabajos atravesados por la música.
Pero solo ahora, en la que es además su primera muestra institucional en Madrid, se nutre del sonido: el andaluz transforma la Nave 0 de Matadero, antigua cámara frigorífica marcada por un incendio, en una inquietante pista de baile.
En 'Bailad, bailad, malditos', más de 160 puntales y una veintena de pantallas construyen un paisaje entre la ruina y la celebración.
El título remite a la película de Sydney Pollack 'Danzad, danzad, malditos', donde bailar es también resistir, competir y sobrevivir.
Aires utiliza así la danza, lo popular y la memoria de ruina del edificio para afrontar la que quizás sea su pieza más anclada en el presente: como la vida misma, y como internet, entre la euforia y el desasosiego, en forma de experiencia sensorial.—¿En qué sentido la propuesta tiene en cuenta este espacio?—Este es un 'site-specific' concebido para la Nave 0 de Matadero, partiendo además de las características tan dominantes de la propia sala.
La propuesta se ha concebido como cuando bailas un tango, con una pareja, sabiendo que te tienes que dejar guiar.
Sin olvidar que esto fue una cámara frigorífica, que ardió, la idea de apuntalar el espacio fue lo primero que me vino a la cabeza cuando me hicieron la invitación.
Es curioso porque mucha de la gente que vino a la inauguración la semana pasada y que no era del mundo del arte pensaba que esos puntales eran del espacio, lo que me encantó.
Además este es un inmueble protegido en el que no puedes poner ni un clavo.
Eso era un condicionante importante.
Y siempre pensé hacer algo con el baile.—De ahí el título.—Lo he tomado de la película 'Danzad, danzad, malditos', basada en la Gran Depresión americana, en la que se organizaron concursos de baile remunerados que, por ganar, la gente llevaba a unas situaciones de dolor y puesta al límite inquietantes.
El título original era 'They Shoot Horses, Don't They?' [¿acaso no disparan a los caballos?], que hemos mantenido porque refuerza esa idea de que aquello que no es productivo se desecha.
En eso hay un paralelismo con la actualidad que me parece importante.
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