Civilización y barbarie
Imaginen que duermen plácidamente en un lugar que para no huir del tópico definiremos, al menos en verano, como paradisíaco.
El día ha transcurrido manso y feliz, entre paseos cortos y copas de vino blanco a la vera del Danubio, a su paso por el pueblecillo de Dürnstein.
Es el mismísimo corazón del valle vinícola de Wachau, una de las perlas paisajísticas de la baja Austria.
Un lugar en el que nada sobra, nada falta y todo parece estar perfectísimamente en su sitio.
La palabra civilizado adquiere pleno sentido ante un paisaje como éste.
Uno observa, escudriña, examina, incluso con mala intención, y nada se le ocurre para mejorar lo que tiene delante.
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