Liana Romero, 94 años, la espía más joven de la II Guerra Mundial retirada en Chipiona: «Tengo secretos de Guantánamo»
Liana Romero, de 94 años, reside ahora en Chipiona pero ha vivido una intensa vida acompañando durante su infancia a su madre, la agente doble Larissa Swirsk .
Además de dedicarse al espionaje, también fue traductora judicial en Estados Unidos y modelo.
Para empezar su apasionante relato hay que ir al principio.
Liana nació en Cannes (Francia) «por accidente», como ella misma cuenta, porque su familia tenía allí una propiedad.
Su madre nació en Odesa (Ucrania) en 1910 y, tras huir de Rusia con su familia en 1917, conoció paseando por el puerto de Cannes a su padre, un marino mercante sevillano, al que pidió lumbre para fumar. «Al acompañarla a su casa tras cinco horas de conversación le pidió matrimonio en la cancela», señala. «Cincuenta y cinco años han estado de luna de miel».
Imagen de los padres de Liana ABCSu madre Larissa era espía, «pero de las buenas, auténtica, es la única espía que actuó para tres naciones al mismo tiempo durante la II Guerra Mundial», relata. «Mi madre tenía una amiga italiana, Anita Colombo, que tenía un tren de vida espléndido.
Un día le invitó a ir a Tánger de compras, allí estaba la oficina principal de los nazis, llegaron dos caballeros, le presentan a mi madre y le proponen trabajar para ellos.
Larissa no sabía a qué tipo de trabajo se refería y le dijeron que «solamente para llevar información, usted no va a llevar una pistola en la liga, ni nada de violencia, lo que oiga y lo que vea nos lo cuenta», explica.
Liana prosigue con las dudas de su madre respecto al trabajo como espía, pero entonces esos caballeros empiezan a sacar el pasado de su madre. «Usted viene de origen ucraniano, ¿verdad? Nosotros ahora mismo en la Operación Barbaroja estamos entrando en Rusia y nos vamos a quedar con la Unión Soviética, vamos a echar al comunismo y vamos a devolverle a usted todo lo que perdió en Rusia: la tumba de sus padres, sus propiedades...
Y por eso mi madre acepta porque creyó en esa promesa».
Entonces, con 11 años, Liana pasa a ser la tapadera de su madre en muchas de sus misiones convirtiéndose en la espía más joven de la II Guerra Mundial, reconocido en documentos oficiales. «A mí me hacía mucha ilusión porque en casa empecé a oir la palabra 'espía' y 'misión' y yo quería participar en las misiones y ser espía». «Ahí estaba la clave, mi madre iba muy bien vestida, su sombrerito, sus guantes, con la niña de la mano a comprar chocolate a Gibraltar», comenta.
Su madre no le explicó exactamente el significado de las palabras 'espía' o 'espionaje' pero sí le advirtió de que nunca podía repetir todo lo que oyera o viera a su alrededor. «Yo aprendí a guardar secretos», cuenta Liana con intriga. «Hoy día tengo secretos tan importantes que irán a la tumba conmigo».
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