Se declara inaugurada la temporada en Les Arts
Hasta los topes se llenó el Auditori del Palau de les Arts para el ya tradicional concierto de puertas abiertas en el que la Orquestra de la Comunitat Valenciana se presenta ante su púbico para dar inicio a una nueva temporada sinfónica y operística comandada por su titular, Sir Mark Elder.
En este 2026-27 el coliseo valenciano va a traer, de nuevo, prestigiosos directores internacionales en el plano sinfónico como Sir John Elliot Gardiner, Vasily Petrenko, Thomas Hengelbrock, Mikko Franck o Philippe Jordan, entre otros, y se abordarán títulos como 'Carmen', 'Simon Bocanegra' y 'Lohengrin'.
Sólo nos quedará 'Tannhauser' y la compleja 'Maestros Cantores', para completar el canon de óperas wagnerianas que se representan en Bayreuth.Sobre los atriles para esta nueva puesta de largo, dos obras que por su factura deben siempre significar un éxito de público con una formación de las garantías de la OCV.
En el podio, el debut de la solvente directora germana Anja Bihlmaier.
Una directora de carrera sólida, aunque no se halle en la primera línea entre la cada vez más poblada nómina de mujeres directoras.Todavía no es algo habitual que en la programación de los dos 'palaus' de la ciudad se lea el nombre de directoras, lo que creo que representa una asignatura pendiente, habida cuenta de que hoy en día ya no se puede decir que signifiquen una singularidad en el panorama internacional.
Por ejemplo, en el festival de Bayreuth este año han sido dos las directoras en sendas producciones.
En cuanto a los resultados de este debut, entiendo que hubo dos partes muy distintas y con resultados dispares.
Los 'Cuadros de una exposición' es una página orquestal sin duda espectacular, pero en esta ocasión las obras pictóricas de Viktor Harmann en quien Mussorgsky se inspiró para su obra pianística orquestada por Ravel, fueron expuestas musicalmente con trazo grueso esencialmente en el empleo de unas dinámicas poco variadas y volúmenes excesivos, moviéndose en buena parte de la interpretación entre el mezzoforte y el fortissimo.Faltó por parte Bihlmaier el debido refinamiento en la planificación de los crescendos y para tomar las riendas de una orquesta un tanto desbocada, en general en unos metales irreconocibles por el exceso.
Poco se vislumbró a lo largo de la exposición de cuadros que nos remitiera a la colorista orquestación raveliana.
Una lectura demasiado evidente y poco matizada e imaginativa.Cierto es que la de Bihlmaier es una dirección que se centra más en un fraseo incisivo y bien dibujado que sí daría lugar a una exitosa quinta de Chaikovsky en la segunda parte del programa.
Como ejemplos, faltó humor y frenesí en 'El mercado de Limoges' y 'Las catacumbas' fueron un exceso metalero fuera de lugar que les restó misterio y recogimiento.
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