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'Liberté, Égalité, Brutalité': bajo los adoquines, la barbarie

El Confidencial ·
'Liberté, Égalité, Brutalité': bajo los adoquines, la barbarie

Cuando ardió el instituto Nelson-Mandela de Nantes, pensé que aún quedaban dos semanas para nuestro viaje y que en ese tiempo todo se habría calmado.

Cuando llegamos, las clases en la universidad seguían suspendidas y el tranvía podía dejar de funcionar por las protestas, pero la cosa no parecía grave –un día cualquiera en Francia–.

Así que empezamos la visita subiendo al Grand Éléphant de la isla de las Máquinas, un majestuoso elefante de acero y madera de doce metros de altura y cincuenta toneladas que barrita y se mueve gracias a un complejo sistema de mecanismos hidráulicos.

Recuerdo que, mientras caminábamos sobre él, comentamos lo curioso que resultaba que una ciudad con tanto sentido estético y conciencia ecológica estuviera cubierta por semejante volumen de asfalto: en la isla de Nantes, en los muelles o en las aceras .

Incluso en los senderos que atraviesan el precioso Jardin des Plantes.

Entre bromas, especulamos con la posibilidad de que lo hicieran a conciencia para reducir los adoquines, dada su condición de rudimentario proyectil , a sabiendas de la vocación revolucionaria de los franceses.

Al día siguiente, el sábado 17, nuestros anfitriones quisieron reservar una mesa para comer en la terraza de un restaurante junto al Castillo de los Duques de Bretaña, pero nos recomendaron que, por seguridad , comiéramos en el interior, ya que la manifestación partía de un lugar muy cercano.

Nos pareció un exceso de prudencia, pero accedimos.

Aquella era la concentración estudiantil , no la de los chalecos amarillos y, aunque dábamos por hecho que habría altercados, suponíamos que comenzarían por la noche y correrían a cargo de los cuatro violentos de siempre, que no representan a nadie más que a sí mismos.

El famoso affiche del 68 'La beauté est dans la rue' Mientras disfrutábamos de nuestras galettes, veíamos llegar a los manifestantes a través de las cristaleras.

El ambiente era festivo, diría que casi emocionante, y que sus reivindicaciones eran legítimas.

Para cuando llegaron los postres , la cosa ya empezaba a enturbiarse.

Vimos pancartas algo menos amables, digamos, como Si nous brûlons, vous brûlerez avec nous –si nosotros ardemos, vosotros arderéis con nosotros– o Faut arrêter de tout interdire, on arrive plus à tout désobéir –hay que dejar de prohibirlo todo: ya no damos abasto para desobedecerlo todo–.

Hasta ahí, podía entenderse como parte de la retórica revolucionaria muy influenciada por la Francia insumisa de Mélenchon .

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elconfidencial.com — el contenido pertenece a El Confidencial.

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