La actividad sísmica convierte a Granada en destino del 'turismo de terremotos'
Desde luego, no se puede comparar con el 'turismo de eclipse' que ha habido en diversos puntos de España, sitios privilegiados donde acudieron miles de personas para ver, el pasado 12 de agosto, cómo la luna se plantaba delante del sol y se hacía de noche de golpe.
Pero, en mucha menor medida, en esta segunda quincena de agosto ha habido en Granada lo que podría definirse como 'turismo de terremotos' .
Para situar las cosas en su contexto: Granada entró en un enjambre sísmico en la madrugada del sábado 15 de agosto con un terremoto de cinco grados registrado en Alhendín, a doce kilómetros de la capital.
Se sintió en la provincia granadina, en otras cercanas, en comunidades autónomas como Castilla-La Mancha y hasta en Madrid.
Comenzó así un periodo bastante desasosegante que tuvo los peores episodios el martes 18 de agosto, con hasta cuatro temblores de cuatro grados o más concentrados en la misma mañana.
Y mientras bastante gente local se montaba en el coche y se iba a la costa y un número elevado de turistas –todavía no cuantificado, luego se irá a ello- hacía las maletas a toda prisa y se marchaba, llegaban otros visitantes en busca de emociones fuertes .
Juan Manuel López, directivo de la Federación de Empresas de Hostelería y Turismo de Granada, explica que, en efecto, lo uno coincidió con lo otro. «Se produjo la llegada de turistas, sobre todo procedentes de otras provincias andaluzas, aunque también desde más lejos, que querían saber qué se sentía durante un seísmo». «Era gente que evidentemente no tenía miedo y que además confiaba en la estructura de los edificios y de los hoteles de Granada, algo en lo que hemos incidido durante estos días, porque salvo algunos daños estructurales en casas antiguas de barriadas como el Zaidín, la verdad es que la ciudad ha estado muy lejos de vivir un derrumbe total, como los más sensacionalistas han querido ver».Daños causados por los seísmos en Armilla EfeLa estancia de esos curiosos visitantes –una demostración del dicho que asegura que hay gente para todo- ha sido corta, una media de dos o tres días.
Por la sencilla razón de que, sobre todo a partir del 20 de agosto, el enjambre sísmico ha tendido a remitir, las réplicas han sido cada vez más espaciadas y débiles y la situación en la capital tiende a normalizarse.Esa extraña fascinación guarda relación con lo que se denomina 'turismo negro', o atracción por visitar lugares donde ocurrieron catástrofes , como Pompeya, que fue destruida por el volcán Vesubio, y también por rincones sórdidos de ciudades.
Las catacumbas y las alcantarillas de París tienen bastante demanda.
Sin embargo, esta testimonial llegada de visitantes fascinados por los seísmos no va a salvar el mes de agosto en la hostelería granadina.
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