Carla Martorell, psicóloga: "No existe una única manera de vivir la maternidad, y la salud mental puede verse afectada incluso cuando el embarazo ha sido deseado"
La maternidad no siempre es como se imaginaba. Se sueña con la llegada de los hijos, con cómo serán y con cómo será una misma como madre, es decir, cuando se sueña con ser madre , la mayoría de mujeres se imaginan a sí mismas criando con una sonrisa y, casi siempre, proyectan una imagen de sus futuros hijos como niños perfectos y, al menos, obedientes. Pero no, no siempre es así. Y no siempre lo es desde el momento en el que el bebé nace. Hay dudas, incertidumbre, miedos… y bebés más llorones que se lo ponen un poquito más difícil a sus padres. Si a eso sumamos alguna enfermedad en el niño o alguna dificultad en el embarazo o el parto , por ejemplo, las sensaciones negativas se multiplican.
Y no es necesario llegar a ese punto. A veces va todo aparentemente bien, el niño nace sano, el embarazo y el parto han transcurrido sin ninguna complicación, y aún así el mundo se le viene encima a la madre. ¿Por qué ocurre esto? Y, sobre todo, ¿cómo se sale de ahí para disfrutar de la maternidad? Sobre ello hemos hablado con Carla Martorell, psicóloga en Next Fertility , quien nos explica el impacto invisible del embarazo y el posparto en la salud mental materna y nos ayuda a diferenciar los cambios emocionales propios de esas etapas de un trastorno depresivo mayor.
¿Cuál es el impacto del embarazo y el posparto en la salud mental materna?
El embarazo y el posparto implican un proceso de transformación a muchos niveles. Además de los cambios hormonales y físicos, también suponen una adaptación a una nueva vida , responsabilidades y a una nueva identidad . Todos estos cambios pueden generar ilusión, pero también incertidumbre, miedo, ansiedad o tristeza. Es importante matizar que no existe una única manera de vivir la maternidad, y la salud mental puede verse afectada incluso cuando el embarazo ha sido deseado.
Principalmente por la idealización de la maternidad , ya que socialmente todavía se espera que una madre se sienta feliz, agradecida y realizada; y por la normalización de los síntomas, que lleva a que el cansancio, la preocupación o la irritabilidad, por ejemplo, se interpreten como que es "lo que toca" cuando se tiene un bebé. Estos factores pueden hacer que las madres intenten invisibilizar y ocultar cómo se sienten por culpa y/o vergüenza de sentirse "malas madres" o por temer ser juzgadas por otras personas.
¿Cómo diferenciar los cambios emocionales propios de esas etapas de un trastorno depresivo mayor?
Aquí es importante atender a la aparición, intensidad y duración de los síntomas , aunque estos criterios son orientativos y todo malestar merece que se le preste atención. En el conocido como baby blues pueden aparecer cambios de humor, sensibilidad, preocupación, momentos de tristeza o sensación de desbordamiento. Estos síntomas suelen ser fluctuantes, transitorios y adaptativos, normalmente aparecen en los primeros días tras el parto y tienden a mejorar en, aproximadamente, dos semanas.
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