Acapulco, el paraíso perdido de Luis Miguel
Acapulco.
Su solo nombre evoca el paraíso.
También lo fue para Luis Miguel , cuando lo convirtió en su edén particular tras alcanzar el éxito y la fama y decidir establecer allí su hogar.
Pero en su caso también fue acabó siendo sinónimo de excesos, despilfarros y decadencia.El cantante, nacido en Puerto Rico pero tan mexicano como el que más, se compró su primera mansión en 'la perla del Pacífico' al cumplir los veinte años, en cuanto solventó los pufos con Hacienda que había heredado de su padre, el artista gaditano Luisito Rey.
La bautizó Villa Mykonos y estaba ubicada en una zona conocida como Los Siete Chakras, dentro del área de Las Brisas Guitarrón, donde tenía vecinos famosos como Frank Sinatra, Plácido Domingo y varias familias de magnates empresariales, como los Camil (que fueron precisamente quienes le vendieron la propiedad) o los Palazuelos.Allí celebró varias fiestas, pero el acoso de los paparazzi le hizo darse cuenta de que necesitaba un lugar con más privacidad, una suerte de fortaleza aislada del mundanal ruido.
Así que decidió mandar construir una nueva mansión en otro emplazamiento cercano, en Playa Bonfil , a unos 25 minutos de Acapulco.
Se levantó sobre un enorme terreno de 36.000 metros cuadrados en lo que hoy se conoce como la exclusiva Zona Diamante.Este segundo casoplón de Luis Miguel, el único que hubo en varios kilómetros a la redonda durante no pocos años, tenía tres plantas de vivienda unidas con un sofisticado ascensor, una enorme piscina con terrazas, cancha de tenis, discoteca privada, una gran bodega de vinos e incluso un lago artificial donde llegó a tener cisnes.
Contaba con un gran portón de madera con acceso directo y privado a la playa, y la propiedad estaba acondicionada para recibir visitas por tierra, mar y helicóptero.
Pero lo que le daba el mayor toque de distinción era una cabaña gigante que funcionaba como sala abierta hacia el mar, cuyos techos de hoja de palmera le dieron el apodo de 'la casa de Tarzán' a la finca.Tal como refleja fielmente la recomendable serie de Netflix sobre Luis Miguel, la mansión no fue solo un refugio para descansar ya que se convirtió en un centro de operaciones profesional donde se reunía con sus compositores y sus representantes para estudiar sus próximos movimientos artísticos y comerciales (fue, por ejemplo, donde se desarrolló la pre-producción de su aclamado álbum 'Segundo Romance').
Pero sobre todo fue el centro neurálgico de la etapa más fiestera del cantante.Fiestas legendariasPero la fiesta que se llevó la palma, la más legendaria de todas, fue la que describieron los escritores Javier León Herrera y Juan Manuel Navarro en 'Oro de rey: Luis Miguel.
La biografía'.
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