Maricarmen, mi vecina, símbolo a su pesar
El miércoles, ya de noche, poco después de que se anunciara su muerte , alguien colocó una rosa en el enrejado del portal del piso de Maricarmen en la calle de Sainz de Baranda.
Una veintena de vecinos se reunió en silencio.
Alguien colocó después la primera vela y escribió un pequeño texto de homenaje en una suerte de altar erigido en un alcorque que iría creciendo con las horas.
La mujer acababa de morir en el hospital Gregorio Marañón, muy cerca de Sainz de Baranda.
Tampoco muy lejos de allí, en Sol, en la acampada de más de 1.200 tiendas de campaña instaladas desde hacía 12 días, empezaba entonces a correr de boca en boca y de móvil en móvil la noticia del fallecimiento de la anciana.
Álex, uno de los jóvenes acampados, recordaba así ese momento: “Y esta plaza, que siempre a esa hora, con asambleas y movidas, está llena de ruido, se calló de repente.
Yo, que me había acercado al Corte Inglés para ir al servicio, al volver, sin saber aún nada, pensé que todo el mundo se había marchado de golpe, porque no se oía absolutamente nada”.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpais.com — el contenido pertenece a El País.