Ocho siglos de una primera piedra
Era un 14 de agosto del año de gracia de 1226, víspera de la solemnidad de la Asunción, cuando el rey san Fernando III y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada ponían la primera piedra de la que iba a ser la nueva catedral gótica de Toledo, en sustitución de la vieja mezquita que desde la reconquista de la ciudad por Alfonso VI venía cumpliendo esa función.
Alejado el peligro almohade tras la batalla de las Navas de Tolosa de 1212 y creciendo territorialmente tanto el reino de Castilla como el arzobispado toledano por Andalucía, había llegado por fin el momento de dotar a la sede primada con un edificio conforme a su dignidad e importancia.
Una catedral que reflejase las nuevas corrientes artísticas imperantes en Europa, que Jiménez de Rada había conocido durante sus años de estudiante en París, cuando se completaba Nôtre Dame.
El arzobispo, uno de los más grandes prelados que han pastoreado la archidiócesis, además, había podido contemplar el esplendor de las basílicas romanas al asistir al IV Concilio de Letrán, donde defendió la primacía de la Iglesia toledana.
Por su parte, Fernando III ya había participado, con el obispo Mauricio, en el comienzo de la construcción de la catedral gótica de Burgos .
Se iniciaba así un proyecto constructivo que, a lo largo de varios siglos, iría configurando la actual Dives Toletana, una de las obras arquitectónicas más importantes del arte español, auténtico símbolo de lo que Toledo ha representado para la Historia de España.«No se puede entender Toledo sin su catedral, formando ambas un conjunto inseparable, que ha marcado el devenir de la ciudad» Miguel Ángel DionisioOchocientos años después la catedral se viste de gala para celebrar su octavo centenario .
Una espléndida exposición, Primada , quiere mostrar los tesoros artísticos, muchos de ellos desconocidos, que custodia.
Y en la tarde del aniversario, una réplica de la primera piedra, tal como la imaginó el pintor Francisco Rizi en el lienzo que representa su colocación, entregada a los fieles que participaban en el último día de octavario en honor de la Virgen del Sagrario, fue el recuerdo material de aquel acontecimiento.No se puede entender Toledo sin su catedral, formando ambas un conjunto inseparable , que ha marcado el devenir de la ciudad.
Pocos edificios albergan tal cantidad de piezas artísticas de primera categoría, tantas que a veces se hace difícil apreciarlas en su justa medida.
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