Cuando la caza salva el bar del pueblo
No ha amanecido todavía, pero el camarero del bar del pueblo ya no da abasto.
Enlaza café tras café.
Tostada tras tostada.
El local está lleno.
Dentro, desayunan.
Fuera, apuran el primer -o el segundo- cigarro de la mañana.
En la puerta, se acumulan todoterrenos con las puertas abiertas.
Hay confianza.
Es el ritual de siempre, el de tantas veces.
El último paso antes de «echar el día».
Porque, como todo buen cazador sabe -eso dicen-, las monterías empiezan mucho antes del primer disparo y terminan después del último.
Antes, durante y después, todo se resume en pasión, eso que, como bien plasmó Juan José Campanella en 'El secreto de sus ojos', ningún hombre o mujer puede cambiar en su vida.
Puede cambiarlo todo, pero no puede cambiar de pasión.
Y esa pasión es la que explica la imagen del bar, que podría ser la de cualquier pueblo extremeño un día de montería.Es difícil, de hecho, escapar de la caza en una región donde el 82% del territorio -más de tres millones de hectáreas- tiene aprovechamiento cinegético y existen más de 3.200 cotos de caza.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC España.