La turba del tendido siete ajusticia a Morante de la Puebla en Las Ventas
Morante regresó a Las Ventas y se encontró con que algunos aficionados habían acudido a cobrarle los gastos del entierro .
Hace un año se cortó la coleta en esta misma plaza, en una ceremonia tan conmovedora como solemne.
Su resurrección posterior ha sido recibida por los vigilantes de la ortodoxia como una estafa funeraria .
Especialmente por los ultras del tendido siete , que confundieron la tarde de la Hispanidad con una comisión de investigación.
El acusado había incumplido la promesa de retirarse.
Y convenía recordárselo, aunque para hacerlo hubiera que interrumpir el toreo.
La hostilidad se manifestó desde la aparición del maestro y terminó adquiriendo la condición de un programa.
Se le reprochaba la colocación ante el toro cuando buscaba la distancia propicia , se celebraban los enganchones como si el toro hubiera ejecutado una sentencia y se aguardaba cualquier imperfección con el entusiasmo del fiscal que acaba de encontrar una prueba.
La paradoja resultaba especialmente amarga.
Quienes habían pagado una entrada para ver a Morante parecían mucho más interesados en impedir que los demás pudieran verlo .
El tendido siete preservaba su prestigio de tribunal supremo sacrificando precisamente aquello que dice defender.
El conflicto alcanzó su expresión más descarnada en el cuarto, Rosito , de Núñez del Cuvillo .
Morante se encontró un toro al que pudo arrancarle tres series de una pureza asombrosa .
Las más hondas llegaron por el pitón izquierdo , en naturales que parecían ensanchar el tiempo de la embestida hasta suspenderlo.
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