Ditirambo para Gonzalo
Gonzalo Suárez fue un ser mítico a lo largo de mi infancia y adolescencia.
Mis padres se habían hecho amigos de él y de su mujer, Hélène, siendo mis padres unos veinte años más jóvenes, así que también era mítico para ellos antes que para mí.
No en balde, Gonzalo había dirigido algunas de las películas más originales de los años sesenta y setenta en España.
Mi padre me ha contado el impacto que le causó descubrir las primeras obras de Gonzalo, películas como 'Ditirambo' y 'El extraño caso del doctor Fausto', y quizá aún más libros como 'Rocabruno bate a Ditirambo' y 'Trece veces trece'.
Recuerdo descubrir estos últimos en una antología de su obra literaria publicada por Alfaguara en 1997, un tomazo de setecientas páginas que yo leí con devoción .
Allí estaban recogidos los mismos títulos que habían apasionado a mi padre con la edad que tenía yo entonces, pero también 'Gorila en Hollywood' y otros textos que no dejaban de sorprenderme y hacerme reír con sus juegos de palabras , aquella voz y aquel tono con aroma a novelas policiacas entre saltos de verosimilitud propulsados por un humor en estado de gracia permanente.
En la cubierta de aquella antología, Gonzalo se quiso retratar junto a un ataúd abierto , y en su mano derecha sujeta una pistola con la que apunta al interior del féretro.
A su espalda tiene una ventana que parece emular un cuadro metafísico de Magritte , con sus nubes blanquitas y su amable cielo azul, como si pudiera girarse y saltar en cualquier momento.
En realidad siempre fue un maestro combinando el humor y la solemnidad .
Leer a Gonzalo era un festín en el que uno creía descubrir un género en sí mismo, aunque fuéramos sabiendo que lo gonzaliano bebía de Shakespeare, Stevenson, Borges o Chandler.
Desde luego no era un sentimiento original mío ni de mi padre; mucho antes había causado un embrujo parecido en unos cuantos lectores y escritores que reivindicaron la literatura de Gonzalo, desde Julio Cortázar, pasando por Eduardo Mendoza y Juan José Millás, hasta Javier Cercas.En el fondo siempre estuvo luchando contra sí mismo en su particular desdoblamiento como creadorAhora me figuro que cuando Alfaguara decide reunir su literatura ese año 1997 es en parte porque la figura de Gonzalo como escritor habría sido un poco eclipsada por la del cineasta; quizá porque el propio Gonzalo habría preferido potenciar esa otra faceta suya: en el fondo siempre estuvo luchando contra sí mismo en su particular desdoblamiento como creador.
Así lo recuerdo yo de ahí en adelante, librando su propio combate de boxeo entre el cine y la literatura, un combate desigual como él mismo no se cansaba de repetir.
Escribir podía hacerlo todos los días en su casa, pero hacer películas se le iba poniendo más cuesta arriba.
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