El secreto que Cuauhtémoc, el último emperador azteca, se negó a revelar a Hernán Cortés: «Antes, mátame»
Fue en verano cuando cambió la historia del imperio azteca.
A finales de junio de 1520, con Hernán Cortés asentado junto a sus hombres en el Palacio de Axayácatl de Tenochtitlan, Moctezuma II murió a manos de su propio pueblo.
Según los conquistadores, el culpable fue un guijarro lanzado contra el emperador. «En aquella sazón tiraron tanta piedra y vara, que los nuestros que le arrodelaban se descuidaron un momento y le dieron tres pedradas, una en la cabeza», escribió el cronista Bernal Díaz del Castillo en la 'Historia verdadera de la conquista de la Nueva España'.
La realidad, sin embargo, es que el origen último de aquel asesinato fueron los recelos que había despertado en algunos sectores la amistad del líder con los españoles.Desde ese momento, las clases dirigentes de Tenochtitlan se enfrentaron a un vacío de poder que no pudo paliar ni la expulsión de la expedición española en la llamada 'Noche Triste'.
Muerto Moctezuma II a manos de un pueblo que le veía como un traidor, el poder fue puesto en manos de su hermano, Cuitlahuac.
El guerrero, que había sido liberado poco antes por los conquistadores con el objetivo de que calmara a los mexicas, organizó la resistencia y se convirtió en una verdadera pesadilla para sus enemigos.
Su idea era golpear a los conquistadores antes de que pudieran reagruparse, pero una epidemia de viruela acabó antes con su vida.
Su gobierno apenas duró 80 jornadas.Fue entonces cuando la responsabilidad de expulsar a los conquistadores de morrión y barba cayó sobre el que, a la postre, sería el último emperador azteca: Cuauhtémoc, más conocido en las crónicas de Bernal Díaz del Castillo como Guatemuz.
Primo de Moctezuma II, las fuentes le recuerdan como un emperador digno que plantó cara a Cortés con gallardía.
El propio Bernal Díaz del Castillo le definió como un líder «de muy gentil disposición, así de cuerpo como de facciones, y la cara larga y alegre».
El cronista afirmó, a su vez, «que era de edad de veinte y tres o veinte y quatro años» y que su color de piel «tiraba más a blanco, que al color y matiz de esotros indios».Para su desgracia, tuvo la suerte de hacerse con el mando del imperio azteca y de la defensa de durante el gran asalto que los conquistadores llevaron a cabo en 1521.
Cuauhtémoc defendió la ciudad con gallardía pero, el 13 de agosto, durante la ofensiva final de Cortés, decidió abandonar su puesto en una canoa.
Las causas se desconocen; para unos fue por miedo, para otros, porque quería organizar una nueva defensa en otro emplazamiento.
El extremeño, que de tonto no tenía un pelo, se percató de ello y lanzó a uno de sus oficiales en su busca para atraparlo.
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