El triángulo de la debilidad
Que la mentira es la esencia del Gobierno y del proceso que el presidente impulsa es una obviedad.
De un crimen que fue determinante para España (ETA) hemos pasado a una mentira también decisiva.
La mentira, cuando se instala en lo más profundo de un proyecto, no tiene excepciones.
Todo son mentiras en las explicaciones que trasladan a la sociedad española: su relación con ETA, con el independentismo catalán y con Marruecos.
Situemos lo sucedido en Ceuta en el contexto del proceso que nos gobierna.
Porque algo ha sucedido.
De la misma forma que el crimen de Miguel Ángel Blanco fue la gota que desbordó el vaso de los españoles ante la alianza entre ETA y el nacionalismo; una mentira, en este caso ante lo sucedido en Ceuta, va a significar otra gota que ha rebosado la paciencia y la indignación de los españoles.
No es el final del proyecto que nos malgobierna, aunque la credibilidad del Gobierno ante la mayoría de los españoles se ha volatilizado, igual que en julio de 1997 se vio la verdadera naturaleza de ETA.
La gran pregunta es por qué, para qué, la razón y fundamentos de esta estrategia del Gobierno.
Un proyecto asentado en la necesidad de no dejar de mentir, acontecimiento tras acontecimiento, año tras año, precisa de la debilidad de España y sus instituciones.
Para que triunfe el proyecto, España debe ser debilitada.
No me pregunto por los objetivos de las autoridades marroquíes (debilitar la soberanía española en Ceuta y Melilla).
La pregunta es cuál ha sido la responsabilidad y participación del Gobierno en estos sucesos.
Antes, durante y después.
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