Cómo hacer salsa de tomate casera y decir adiós a la de bote: receta sencilla y sabrosa
Esta salsa de tomate lleva unos ingredientes que habitualmente solemos tener en nuestras despensas, y su elaboración, además de natural y sin aditivos, es bastante fácil. Se trata de una receta apta para todos los públicos: veganos, vegetarianos, celíacos, intolerantes a la lactosa... grandes y pequeños. Y la podrás utilizar en un sinfín de platos: arroces, pastas, guisos, asados, verduras, etc.
Aprovecha unos buenos tomates maduros para hacer esta suculenta salsa, porque vas a notar la diferencia respecto a las versiones industriales. Cuando la preparamos en casa, decidimos y controlamos los ingredientes y las cantidades de cada uno que ponemos a nuestra receta, como por ejemplo el azúcar para corregir la acidez. Con una pizca es suficiente e, incluso, sin nada de ella, y hay opciones comerciales que se pasan.
Sucede lo mismo con la sal y con la grasa , cuyas proporciones hay que moderar y no excederse. Pero la mayor diferencia entre una salsa de tomate casera y una industrial está en el uso de aditivos y conservantes , pues la primera no los lleva y, en el caso de la segunda, lo más probable es que sí.
Apostamos por hacerla de manera artesana, pero eso no significa que demonicemos las salsas industriales, pues las hay de muy buena calidad. Si optas por ellas, revisa siempre la información de la etiqueta y opta por la más natural.
Para la base más sencilla de esta salsa, no pueden faltar tomates, cebolla o cebolleta, ajo, aceite de oliva virgen extra, sal y, opcionalmente, pimienta y las hierbas aromáticas que más nos gusten.
Le añadimos zanahoria para dulzor natural y suavizar la acidez del tomate sin necesidad de añadir azúcar y puerro, que le da mucha untuosidad y suavidad a la salsa.
Los 3 nos pueden dar buenos resultados y todo depende de la temporada, del tipo de salsa que queramos conseguir y del tiempo que tengamos para cocinar. Aunque si tienes unos buenos tomates maduros frescos , de esos que saben "a tomate" y bien carnosos, para nosotros son la mejor opción. Suelen contener más agua y por ello es necesaria una cocción más larga.
El tomate en conserva entero y pelado es una opción muy práctica durante todo el año y los hay de buenísima calidad. Se puede tener siempre en la despensa y basta con triturarlo o aplastarlo antes de cocinarlo. Escurre ligeramente para que la salsa quede más concentrada.
Y el tomate triturado en conserva es lo más cómodo y sencillo, pero revisa bien la etiqueta y comprueba que no lleve azúcares añadidos, espesantes u otros ingredientes innecesarios.
Lo importante para hacer esta salsa es dar tiempo a cada uno de los ingredientes . Primero se sofríe lentamente la cebolla en un buen aceite de oliva virgen extra para después añadir la zanahoria, el puerro y el ajo. Cocineros como Karlos Arguiñano consideran que el secreto es pochar lentamente la cebolla.
A continuación, se añaden los tomates bien lavados y sin el rabito y se deja cocinar a fuego suave y sin prisas . Tapamos y cocinamos durante una hora. La cocción prolongada concentra los sabores, evapora parte del agua y hace que la salsa adquiera la textura necesaria.
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