No todos los caminos conducían a Roma
El dicho de 'todos los caminos conducen a Roma' no era tan cierto como popularmente se piensa, al menos a finales del siglo II de nuestra era.
Hasta la capital imperial, en la Península itálica, llegaban calzadas importantes como la famosa Vía Appia, la Vía Aurelia o la Tiburtina, pero Bizancio, la actual Estambul (Turquía), estaba «mejor conectada».
Así lo ha podido constatar un equipo internacional de expertos codirigido por la Universidad Autónoma de Barcelona, que ha reconstruido el sistema viario del Imperio Romano en su apogeo, cuando abarcaba unos 5,5 millones de kilómetros cuadrados en Europa, Oriente Medio y el norte de África.Pau de Soto (UAB) y sus colegas Adam Pazout (UAB) y Tom Brughmans (Aarhus University, Dinamarca), creadores del proyecto Itiner-e - un detallado mapa digital con unos 300.000 kilómetros de calzadas romanas -, desmontan en su nuevo estudio algunas creencias sobre esta primera red de transporte a escala continental del mundo antiguo.
Ni Roma ostentaba un papel tan central en este sistema de movilidad, ni las calzadas romanas eran tan rectas como se suele pensar.
Aunque en los inicios existió un patrón general que dirigía las vías hacia Roma, a medida que se fueron conquistando territorios, la red viaria se fue reestructurando y ciudades como Antioquía, Ankara y Bizancio estaban mejor situadas como centros dentro de la red vial que la propia Roma.
Ubicada en el estrecho del Bósforo, Bizancio «era la puerta que conectaba todas las vías de Europa con el norte de África y con Asia y su importancia estratégica le permitió crecer y ganar preeminencia», recuerda De Soto.
Tanta, que cuando el Imperio Romano se dividió en dos, la ciudad, renombrada como Constantinopla, se convirtió en la capital de la parte oriental.
La investigación sobre las calzadas romanas, publicada en 'Nature Communications', muestra la importancia política de las capitales de provincia , que actuaban como núcleos estratégicos que articulaban las comunicaciones en la región.
Según explica el arqueólogo, «el diseño de la red respondía a intereses políticos» y esta posición central de las capitales parece indicar que desde las provincias se tomaban decisiones estratégicas sobre la red viaria y se establecían puntos claves desde los que organizar, administrar y controlar los territorios recién conquistados. «Este hallazgo plantea nuevos interrogantes sobre cómo planificaban, cartografiaban y ejecutaban estas decisiones a escala continental, algo que sucedía por primera vez en la historia de la humanidad», subraya la UAB en un comunicado.Menos rectas que las carreteras de hoyEl «tapiz verosímil» de Itiner-e, elaborado con datos recopilados de todo el territorio imperial, revela que las vías romanas no eran tan rectas como se creía.
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