viernes, 9 de octubre de 2026 MediosSobre🌓
🇪🇸 ES ▾
ÚLTIMA HORA
Últimas

Por qué la izquierda tiene que recuperar el mérito como ascensor social: "No hay que sacrificar el bienestar de tu hijo por tus ideales políticos"

El Mundo ·
Por qué la izquierda tiene que recuperar el mérito como ascensor social: "No hay que sacrificar el bienestar de tu hijo por tus ideales políticos"

Jahel Queralt, especialista en justicia distributiva, plantea un alegato contra la renuncia de los progresistas a una de sus mejores ideas: la meritocracia. En su nuevo ensayo invita a rescatarla lejos de la moral del éxito y la identificación con el capitalismo y aceptando el inevitable peso del azar

Jahel Queralt , profesora de Filosofía Política en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, observaba con asombro cómo en la izquierda -política y académica- la palabra meritocracia había adquirido un aura maldita. Se la acusaba de engañar con falsas promesas, de dividir la sociedad entre ganadores orgullosos y perdedores humillados y de ofrecer una coartada moral a la desigualdad. Pero Queralt considera que la meritocracia «es la única manera que tenemos quienes venimos de familias humildes de subir algunos peldaños». De modo que la pregunta terminó imponiéndose: ¿qué propone la izquierda en su lugar?

De esa perplejidad nace Nadie merece nada. Por qué la izquierda necesita la meritocracia (Anagrama), un ensayo que combina filosofía política y experiencia personal para defender una tesis deliberadamente incómoda: la izquierda tiene buenas razones para combatir la meritocracia como ideología , pero se equivoca al confundirla con el ideal de justicia. Abandonarla como principio rector supondría renunciar a una de las grandes conquistas históricas del progresismo.

Porque la meritocracia no nació para justificar que los ricos fueran ricos: «Su origen es negar que el nacimiento, el privilegio de clase, el género, las conexiones o la riqueza familiar tengan que determinar las expectativas sociales de cada uno», explica Queralt. Antes de que el sociólogo británico Michael Young popularizara el término en 1958, la revolución meritocrática llevaba siglos en marcha. Está en la impugnación de los privilegios estamentales de la Revolución Francesa del siglo XVIII, en el reformismo británico del XIX , en el socialismo fabiano y, después, en la expansión de la educación y el Estado del bienestar. Incluso George Bernard Shaw podía defender la selección por mérito y capacidad dentro de un proyecto socialista igualitario: se trataba, dice Queralt, de impedir que «el talento de las clases trabajadoras se acabara pudriendo».

El principio, así formulado, parece difícilmente objetable. Si necesitamos un cirujano, un juez o un ingeniero, queremos que ocupe el puesto quien pueda desempeñarlo mejor, no quien tenga los padres adecuados, más dinero o mejores contactos. Y ni siquiera hace falta, según Queralt, recurrir a grandes principios morales para justificarlo: basta la eficiencia. Una sociedad es un sistema de cooperación y tiene interés en que las distintas tareas sean realizadas por quienes son más competentes para ellas. «La razón que tenemos para defender la meritocracia no es el reconocimiento individual, sino el beneficio colectivo». afirma Queralt.

El problema empieza antes de llegar a la línea de salida. La autora de Nadie merece nada recuerda que cuando terminó Derecho pensó en opositar a juez, pero las becas que existían entonces eran testimoniales.

Leer la noticia completa en El Mundo ›

5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elmundo.es — el contenido pertenece a El Mundo.

Más de El Mundo

Ver todo ›

Más en Últimas

Ver todo ›