España en manos de una mafia
Nunca me he fiado de los clubes de debate.
Me parece extraño que alguien opte voluntariamente por gastar su tiempo entrenándose para discutir.
O, peor aún, para ganar discusiones.
Un club de debate es como una FP especializada en gresca, que no sé a qué futuro laboral apunta, quizás a la política, puede que a la tertulia.
Aunque discutir con técnica debería ser considerado 'doping'.
A las tertulias, como a la vida, se va a pecho descubierto, sin notitas, sin sustento teórico y, óptimamente, sin la menor idea del tema del que se va a hablar.
Solo así puede emerger la pulsión pura, aquello que subyace a la memoria y al recuerdo, es decir, la honestidad del toreo no ventajista.
Creo en la tertulia de artista.
Lo otro es apretarse un plato de lentejas de bote, que parecen caseras, pero no lo son.
Lo mismo sucede con los argumentos: si están pensados, no funcionan.
Por eso, si mi hija me dijera que quiere meterse en el club de lucha canaria, yo me sorprendería.
Más por el factor canario que por el pendenciero.
Pero si me dijera que quiere meterse en un club de debate, la llevaría al psicólogo.A no ser que estuviéramos en Extremadura y el club se llamara 'Club de debates urbanos Badajoz', que no es un club de debate sino un grupo de Facebook.
Supongo que Dante dispuso un círculo en el infierno para aquellos que dedican sus tardes a discutir, a insultar y a difamar en redes sociales, que son una trituradora de cerebros y de corazones.
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