Los sindignados
Ponga música cuartetera gaditana y dedique conmigo al 11N el mítico estribillo de 'El Peña' y 'El Masa' lamentando la coincidencia de la Guerra del Golfo con el Carnaval de 1991: «¡Ay qué casualidad, ahora una huelga general¡ Esta gente no respeta ni el proceso electoral».
Sólo merece chufla la chusma selecta (por seguir con terminología carnavalera) de UGT y Comisiones tras haber entregado el mayor recurso de los trabajadores, la huelga general, al interés político coyuntural de una izquierda inane de argumentos ante una juventud sin salario ni vivienda tras ocho años de errática gestión populista, para generar un clima pseudorrevolucionario preelectoral que sirva de amnésico de masas ante el fracaso y la corrupción que ha marcado el periplo de Sánchez y su alegre tropa antisistema.El derecho a la huelga es una cosa muy seria para jugárselo en el tapete político con esta sumisión servil perruna que convierte a estos sindicatos en comparsa política, tal que cuestiona la legalidad de la convocatoria.
Porque a esta huelga política no hay derecho e incluso atenta contra los convocantes.
No se puede ser sindicalista indignado de súbito, sindignado, y descubrir tras ocho años de gobierno sanchista que el incremento del salario mínimo y la bajada del paro han generado a la postre una generación de trabajadores con sueldos míseros que no pueden construir un proyecto de vida, con una inflación al alza, una deuda pública ignota tras una legislatura sin presupuestos y una presión fiscal histórica, por extrema, para ofrecer unos servicios públicos depauperados. ¿Si la economía va como un cohete, por qué nos va tan mal? El sobreactuado alegato de la huelga de la más sindignada secretaria general de Comisiones en Andalucía, Nuria López, sólo está a la altura de la esperpéntica intervención de la expoderosa María Jesús Montero, cuando en la sede regional del PSOE proclamó que esta huelga se convoca –Macael, prepara mármol– «contra la oposición».
Sin embargo, lo que esta huelga demuestra es el fracaso del sanchismo y tira por tierra las cifras con las que el gobierno saliente y sus aberronchados socios quieren justificar la vocación social del Ejecutivo 'progresista'.
Es de perogrullo.
Esta huelga artificial, en la que La 1 actuará como primer piquete informativo, nos lleva a una pregunta: ¿dónde han estado UGT y CC.OO. mientras la extensa clase trabajadora, autónoma y de nómina, se iba empobreciendo? Posiblemente, estaban negociando el precio de la paz social, que los propios sindicatos llamados 'de clase', por clasistas, quieren ahora reventar para elevarlo en el caso de que llegue la alternancia.
Esta huelga va a ser el mejor indicativo de la vigencia de este sindicalismo de Atapuerca.
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