Desesperación en Ceuta: los inmigrantes esperan mes y medio para formalizar la solicitud de asilo y los vecinos ven un "coladero por el que sigue entrando gente"
Los subsaharianos que huyen de conflictos bélicos y tienen más posibilidades de ser acogidos se ven 'bloqueados' por el aluvión de demandas
Muwafaq muestra diligente los papeles que le acreditan como solicitante de asilo en España. Llegó a Ceuta a finales de julio e hizo el primer trámite para pedir una orden de protección internacional ante la Policía el pasado 17 de septiembre. Allí le citaron para volver a comparecer el próximo 2 de noviembre ante la Jefatura Superior de Policía del Puesto Fronterizo del Tarajal , con el fin de que pueda «formalizar» la petición. Es decir, para cuando inicie formalmente el proceso, habrán pasado más de tres meses desde su llegada. El lento proceder de la administración para filiar y analizar el aluvión de peticiones derivadas de la entrada masiva de inmigrantes este verano contribuirá sin duda a eternizar y enquistar la crisis humanitaria, de seguridad y de convivencia en que está inmersa Ceuta desde finales de julio.
Muwafaq Ahmed Saeed Al Areqi ha llegado a España desde Yemen, un país que lleva más de una década enfrascado en una guerra civil (del Gobierno de Yemen contra los hutíes) y que se ha visto tangencialmente involucrado en el conflicto que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel . Y, como no hay conflicto bélico que no provoque un movimiento migratorio tanto interior como hacia el exterior del país, cientos de miles de yemeníes han abandonado ya su lugar de origen.
Muwafaq se entretiene jugando al parchís con un par de sudaneses a media tarde del sábado. Yacen sobre unas mantas que han desplegado en las laderas del cerro en el que se localiza el CETI ( Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes ) de Ceuta, que acoge a unos 500 inmigrantes. En este entorno es fácil encontrar a subsaharianos, a diferencia de lo que ocurre en las playas del Trampolín y Benítez , en las que fundamentalmente se han instalado los marroquíes. Dado que la temperatura exterior es aún agradable, la mayor parte del día la pasan fuera del centro, protegidos bajo la privacidad y la sombra que proporciona el bosque. Cuando se les pregunta por sus condiciones de vida dentro del CETI agradecen sobre todo la comida y subrayan, especialmente, el buen trabajo de Antonio, el cocinero del centro: «Mucho bueno», enfatizan en un español imperfecto pero suficiente cuando se acompaña de gestos con las manos.
Colina abajo, en las playas tomadas por las tiendas de campaña y las chabolas, el ambiente que se respira es mucho más bullanguero, más bullicioso. A media tarde, las ONG realizan el reparto de comida y enseres personales. Las colas son habituales para recibir el menú diario , para acceder a las duchas instaladas al aire libre o para cargar el móvil en varios puntos habilitados.
A todo lo largo del paseo marítimo los propios inmigrantes han instalado tenderetes donde se vende ropa, calzado, productos de cosmética, mochilas y todo tipo de enseres de primera necesidad.
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