Bèstia desembarca en S'Agaró con una cocina informalmente domesticada y vinos libres
Bèstia ha dejado de ser únicamente uno de esos pequeños locales del Barri Vell de Girona que corren de boca en boca entre aficionados al vino y a la cocina informal.
Este verano ha dado el salto a S'Agaró con una segunda casa que mantiene la filosofía original de cocina informal para compartir , pero la adapta al Mediterráneo con más protagonismo los arroces, los moluscos, pescados y una terraza que se ha convertido en uno de sus grandes argumentos.El proyecto vuelve a llevar la firma de Martín Sabbatini, cocinero y sumiller argentino afincado en Girona, con la incorporación como socio y director a David Puertas Rojas, joven profesional de Platja d'Aro perteneciente a una familia vinculada desde hace más de dos generaciones a la restauración de la Costa Brava.
Ambos han construido en la Avinguda de Platja d'Aro, 291, una versión «corregida y aumentada» del Bèstia gerundense .
La fórmula continúa siendo aparentemente sencilla a partir de buena materia prima, técnica de base clásica, emplatados sin solemnidad, vinos de mínima intervención y un servicio de sala que busca acompañar antes que imponer.El establecimiento, que abrió el 5 de junio tras una profunda reforma del local, ha cosechado un fulgurante éxito de público, atraído por la novedad y también por el enorme letrero, del tamaño de una valla publicitaria, que encabeza el edificio donde se ubica.
Pero Bèstia en S'Agaró no es un restaurante estacional. «Llegamos para quedarnos» , resume Puertas Rojas, que ya piensa en cómo evolucionará la carta cuando el calor deje paso a los productos de otoño, además de emprender una redecoración de la sala interior, con capacidad para 32 comensales.
Del Barri Vell al MediterráneoBèstia nació en Girona en 2022 como bar de vinos naturales y de mínima intervención, con pequeños productores, referencias artesanales y una cocina mediterránea contemporánea muy condicionada entonces por las reducidas dimensiones de sus fogones.
La limitación terminó convirtiéndose en virtud.
Sabbatini apostó por platillos directos, sabrosos y reconocibles, con mucha base clásica pero presentados sin protocolos .
A esa cocina añadió una bodega con personalidad propia, hasta construir un equilibrio poco habitual entre la parte sólida y la líquida de la experiencia.
En S'Agaró la idea se mantiene, pero gana espacio y mar.La ubicación en plena Costa Brava permite que la carta mire más al Mediterráneo.
Las anchoas aliñadas con buen aceite resumen esa voluntad de no complicar un producto cuando no lo necesita.
Los mejillones se presentan con limón, ajo quemado y vino blanco.
El arroz del senyoret del Molí de Pals se sirve «a la llauna» con mejillones, sepia, gamba y all i oli cítrico a un precio imbatible de 18 euros.
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