Los niños de Ceuta, entre cuatro paredes: «Estoy todo el día con la tablet»
Todo inicio de curso trae consigo cierto caos, pero nada comparable con el que se avecina ahora en Ceuta.
Porque es una mañana de verano, de esas en las que ya se intuye su fin, y en los parques infantiles de la ciudad autónoma solo hay quietud.
Hace horas que los niños han despertado pero por las calles apenas se les ve.
Los que hay, contados, aparecen por el centro esporádicamente para desahogarse tras los largos ratos en casa porque, frente a la creciente preocupación de padres y profesionales, la mayoría del tiempo se limita a la vida en el hogar.
Por momentos recuerda a los días más duros de la pandemia.Hace un mes que su infancia se desarrolla entre cuatro paredes, entre pantallas. «Todo el día con la tablet», chilla Jesús, de seis años, al ser preguntado sobre el transcurrir de sus días.
Saltan las alarmas de los expertos y entre los padres todavía son muchos los que dudan si llevarlos al colegio en esta nueva realidad que vive Ceuta desde que el 30 y 31 de julio decenas de miles de inmigrantes tomaron la ciudad.
Aún quedan miles.
Según datos del INE, casi el 25% de la población de Ceuta es menor de edad; unos 15.000 tienen menos de 15 años.
La adultez ceutí se encuentra sumida en un debate por sus niños.
Quieren que sus hijos recuperen la normalidad perdida pero hay miedo.
No ven en las calles suficiente seguridad y ronda en sus cabezas la preocupación de que, si van al colegio, sufran por el camino robos o que se vean inmersos en episodios de violencia.
Faltan días para un comienzo de curso que ni a las familias ni a muchos profesores les termina de convencer.«No puedo llevarles ni contratar a alguien que los lleve. ¿Quién me paga ese gasto que tendría que hacer para que estén seguros?», se pregunta Anissa, madre de un niño de seis años para la que, al compaginar varios trabajos, se vuelve imposible conciliar su vida laboral con la escolar de su hijo.
Viven en la barriada de El Príncipe, uno de los lugares en el que los marroquíes se resguardan porque, dicen, sienten que allí molestan menos que en el centro.
Que no acudan al colegio supone más días en casa, la pérdida del ritmo educativo y la puntual ruptura de las relaciones con sus compañeros de clase, con otros niños de su edad.
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