Japón estudia el ADN y descubre el "extraordinario truco" que permitió a la humanidad sobrevivir a la Edad de Hielo
La capacidad del cuerpo humano para resistir el frío extremo podría esconder una herencia mucho más antigua de lo que se pensaba.
Un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Tokio ha rastreado en el ADN de antiguos habitantes de Japón señales de adaptación vinculadas a la última Edad de Hielo.
El trabajo, publicado en la revista científica Science Advances , apunta a que la evolución fue dejando una serie de cambios biológicos que ayudaron a nuestros antepasados a enfrentarse a temperaturas especialmente adversas.
Los investigadores han encontrado esas huellas estudiando el particular legado genético de la población Jomon.
El equipo encabezado por Yusuke Watanabe y Yoshiki Wakiyama analizó los genomas de 42 cazadores-recolectores Jomon que habitaron el archipiélago japonés.
Los científicos secuenciaron ADN procedente de los restos de 25 individuos de entre aproximadamente 5.400 y 2.300 años de antigüedad y combinaron esos resultados con otros 17 genomas publicados anteriormente.
La relevancia de esta población reside en que su linaje ancestral se habría separado de otros grupos de Eurasia oriental hace entre 27.000 y 19.000 años, hacia el tramo final del último periodo glacial.
Ese posterior aislamiento convirtió su ADN en una especie de archivo genético del Paleolítico superior de Eurasia oriental.
Debido al deterioro habitual del material genético antiguo, los investigadores reconstruyeron estadísticamente determinadas regiones ausentes utilizando como referencia 9.290 genomas de japoneses actuales .
Después compararon las variantes obtenidas con las de otras poblaciones para localizar señales de selección natural positiva, es decir, mutaciones que pudieron proporcionar alguna ventaja y aumentar progresivamente su presencia.
Varias de ellas apuntaron en una misma dirección: la regulación de la temperatura corporal y del metabolismo energético .
Un mecanismo para producir calor Una de las pistas más llamativas estaba relacionada con la termogénesis sin temblores, el mecanismo mediante el cual el organismo puede generar calor sin necesidad de tiritar y en el que desempeña un papel fundamental la grasa parda.
Una variante genética asociada experimentalmente con la producción de calor en este tejido alcanzaba una frecuencia cercana al 73% entre los Jomon analizados, mientras que entre las poblaciones actuales de Asia oriental rondaba el 17%.
También aparecieron señales de selección relacionadas con la masa corporal y con el metabolismo de las grasas presentes en la sangre.
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